Los retos de Risaralda vistos desde el informe de Sapiens Research

Por: Andrés Carrero
domingo 17 diciembre 2017

Hace unas semanas se hicieron públicos los resultados de Sapiens Research, una organización que por más de 15 años ha venido midiendo la calidad y la investigación de los grupos, revistas y postgrados en las instituciones de educación superior. Evidentemente, los informes que han producido sirven para afianzar y mejorar los productos académicos y la proyección que tienen las universidades en relación con su ethos; por lo que estar pendientes de estas encuestas es una importante tarea de los medios de comunicación, los estudiantes y la comunidad en general.

¿Qué variables usó S.R. para desarrollar la encuesta? Se trató de analizar tres ejes, 1) Grupos de investigación reconocidos por Colciencias, 2) Revistas indexadas y 3) Número de postgrados que se ofrecen. Pues bien, el semestre 2017-2 dejó a Risaralda mal parada, pues solo la UTP se ubicó en el puesto 9 y las demás universidades privadas de la región ocuparon los últimos escaños de las 102 instituciones que hacen parte del test. Esta noticia generó un revuelo mediático y de opinión interesante, dado que en redes sociales y comentarios callejeros, muchos expresaron su inconformidad al encontrarse con sus Instituciones en los últimos lugares.

Como era de esperarse, las Universidades mal paradas salieron en defensa de su labor manifestando que no necesariamente, por ocupar los últimos escaños, estaban haciendo un mal trabajo, más cuando en el país hay más de 300 Instituciones de Educación Superior; entonces ¿Cómo deberíamos interpretar este hecho?

Hacer una lectura negativa como muchos estudiantes risaraldenses la hicieron, o una positiva y generosa como la de los administradores de las universidades privadas, no necesariamente nos resuelve el problema expuesto por los indicadores de Sapiens Reseach, puesto que el departamento no es un centro de producción intelectual del país. Es solo que ingresemos a Colciencias y Publindex para evidenciar que nuestras revistas no son las más representativas y que la producción intelectual se concentra principalmente en la categoría C, dejando claro que el monopolio intelectual es bogotano y solo ciudades como Medellín o Cali alcanzan a disputar parte del prestigio académico. ¿Por qué esperar lo contrario?, ¿Cómo podría cambiar esta situación?

Los indicadores académicos muestran que Risaralda carece de profesionales con niveles de doctorado y claro está, la población profesoral de los colegios y universidades no necesariamente tienen una formación profesional de postgrado (tarea que se está realizando, pero que aún falta más por trabajar). Por otra parte, aunque la región está en una importante transición económica y social, Manizales sigue siendo considerada como la ciudad universitaria y por ello concentra maestrías y doctorados; tanto así que varios profesionales se han ido a formar en dicha ciudad y no necesariamente en Pereira. Conseguir población estudiantil es difícil, la competencia con Caldas no solo es por calidad en la educación sino también por experticia y experiencia, y no es secreto que aún pervive en nuestra región el concepto del trabajo y enriquecimiento por vía del comercio; lo que deja mal parada la idea de ver la cualificación como una estrategia para incrementar los ingresos salariales.

Los resultados de Sapiens Research deben leerse como un campanazo de alerta no solo para los privados sino para la administración pública en general. Debemos trabajar por una región con mejores estándares profesionales; entonces, ¿Cómo se puede subir de puesto para la próxima medición?

Si las universidades privadas y las administraciones públicas quieren mejorar en el ranking  de medición educativa, deben trabajar en varios frentes con altos costos financieros y políticos: El primero de ellos, más en relación con las universidades privadas, es concretar un equipo de trabajo profesional cualificado (con maestría y doctorados) dispuesto a renunciar a las atracciones salariales y garantías laborales ofrecidas por las mejores universidades de Bogotá, Medellín o Cali; sin embargo, no solo es ganar mejor, además deben las administraciones municipales trabajar por la ampliación de la oferta cultural, gastronómica, deportiva, artística, de ciudades incluyentes, seguras, democráticas y con una mejor distribución de la riqueza y el acceso a la misma, que haga las ciudades interesantes para empresarios y académicos.

Por otra parte, se requieren salarios consecuentes con los niveles académicos o en su defecto, contrataciones en las que se diferencie el “profesor tiza” o que dicta clases, del profesor investigador, que si bien comparte sus conocimientos con los estudiantes, no necesariamente ocupa la mayoría de sus horas en esta labor, pues prioriza la investigación.

Se requiere que la universidad y la administración municipal consideren los productos académicos como eje integrante de la sociedad y la región; de allí que el número de investigaciones deben aumentarse, como también el presupuesto para las mismas. Finalmente, debemos tener el respaldo municipal para que los productos académicos tengan un impacto en el contexto y no sean solo documentos que engrosarán los anaqueles de las bibliotecas.

Leer mal el informe no contribuye a construir una mejor región; considerar que estamos bien por ocupar un puesto cercano al 100 tampoco es la estrategia más apropiada. Quizá si trabajamos por cambiar el paradigma de progreso y enriquecimiento regional podamos captar más población en las universidades, mejorar el nivel educativo de la zona y ampliar la oferta de postgrados al tiempo que se fortalecen los grupos de investigación.

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