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Sobre héroes y tumbas

Escrito por Jhoan Camargo , 14 de Junio de 2019. Guardado en Opinión

Recurro al título del libro de Sábato para meterme en un debate peregrino, pero no por eso poco interesante. Con el advenimiento en los últimos años de películas sobre superhéroes se ha escuchado por ahí a «expertólogos», cinéfilos y snobs de trópico argumentando que la industria del cine está saturada de estos personajes. Quizá cansados del despliegue publicitario, los ríos de fanáticos y el estreno cada año de dos y hasta tres películas, se quejan con el siguiente argumento: en la actualidad hay demasiados héroes en el cine. 

El hartazgo y la saturación podría ser cierta. Digamos que sí, que hay mucho tipo con identidad secreta, que tanto vengador y justiciero a cada rato puede llegar a ser molesto, que podrían ser más serenadas las entregas; sin embargo, ese argumento de que últimamente hay mucho héroe es completamente falso e ingenuo, bien podrían hacerse a argumentos más contundentes, sabrán por qué. 

Aunque soy totalmente ignorante del mundo del cine, pues prefiero las telenovelas, sí me queda claro que la industria del entretenimiento, casi desde sus inicios, ha estado plagada de héroes. No me refiero solo al cine; desde la radio, y solo en el caso de este pedazo de tierra, personajes como kalimán, el hombre increíble (no Hulk) o Chan Li Po, detective chino en la Habana, hicieron las delicias de los jóvenes latinoamericanos, pero antes de ellos la literatura ya tenía sujetos como Sherlock Holmes, las tiras cómicas a El fantasma que camina y así puedo mencionar un largo etcétera de ejemplos. No pueden venirme a decir ahora que hay mucho superhéroe cuando siempre han existido a granel. 

No puedo relegarme solamente a esas fechas, un poco más adelante, diría entre los 60 y 70, hubo un fenómeno de masas alrededor de figuras como El Santo, el enmascarado de plata, Mil máscaras, Blue Demon… a tal punto que la lucha libre se volvió un espectáculo que se propagaría por toda América, llegando, incluso, a haber arenas en Bogotá. Algunos puristas podrían controvertirme diciendo que estos héroes no tenían poderes, pero yo pensaría que, al menos en el caso de El Santo, darse a los golpes con brujas, vampiros o las mismísimas momias de Guanajuato no es tarea para cualquier mortal. 

Los héroes son inherentes a la vida cotidiana, por lo menos de los últimos sesenta años. Llámense vaqueros, espías, mutantes, magos o aventureros, desde la generación de mi abuelo hasta la de mis sobrinos habrá una buena ración de efectos especiales, rescates y fines del mundo inminentes, que se deba cuidar el cine arte o los filmes con argumentos; a la sazón, las buenas historias, es otra cosa que nada tiene que ver con tipos en calzoncillo por fuera y capa. 

Sencillo; el mundo necesita héroes, que a un grupo de amargados como yo no les guste es diferente. No se me hace raro que tanta queja es porque están bajo el dominio de alguna mente siniestra, pero eso solo lo sabremos en el siguiente episodio. 

 En Twitter: @k_amargo

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