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NO DESLEGITIMAR LO LEGÍTIMO

Escrito por Alejandro Medina Marín , 13 de Junio de 2021. Guardado en Opinión

Un mes de protestas pacíficas, en su mayoría coordinadas por el Comité del Paro a nivel  nacional en Colombia, movilizaciones pletóricas de expresiones carnavalescas, arte y cultura,  por medio de movilizaciones, plantones, asambleas populares y demás muestras de protesta  pacífica, gestadas por comités municipales, que de manera heroica han sacado a la luz  masivas marchas por las principales calles y parques de ciudades, municipios y pueblos,  dejando ver la capacidad, sensibilización y solidaridad de esta nueva Colombia, que exige  derechos humanos, garantías para la protesta pacífica, paz, protección del medio ambiente,  educación, salud y condiciones laborales dignas, por citar solo algunas reivindicaciones  sociales, dando cuenta de este modo los logros que la movilización pacífica, familiar y  pedagógica, sí da frutos de dignidad, reconocimiento y esperanza.

Ahora bien, la movilización social que se ha gestado a nivel nacional, ha tenido situaciones  de violaciones de Derechos Humanos, agresiones y muerte tanto de los integrantes de la  institución policial, cómo de los y las participantes del Paro, desmanes al espacio público y  entidades estatales, en su mayoría instituciones garantes de la defensa de los Derechos  Humanos cómo las Casas de Justicia, Casas de la Cultura, Alcaldías, entre otras, dejan  entrever la falta de educación tanto de los y las causantes de los desmanes, cómo la nefasta  garantía de los integrantes de la fuerza pública para dar cumplimiento a la Constitución  Política de Colombia por medio del respeto a los Derechos Humanos. Debemos preguntarnos  ¿cómo capacitan la fuerza pública en Derechos Humanos?, ¿Se hace entrenamiento además  de militar, psicológico en situaciones de tensión y estrés? ¿Siguen órdenes o solo actúan con  emocionalidad?, ¿creen y respetan las instituciones que les hace veeduría y control?, o por el  contrario, ¿son conscientes de la incapacidad de las mismas para afrontar la confrontación, lo  que les da vía libre para cometer actos que ponen en riesgo la salud e integridad de los  manifestantes, sin ser interrogados, juzgados y condenados?  

La crisis que no se gestó por una reforma tributaria, ni por unos huevos de 1.800, sino por la  deslegitimación del pueblo, sus derechos y reivindicaciones con este actual Estado, sus  políticas y faltas de garantías sociales y económicas, todo ello incrementado por la pandemia  y sus resultados en salud, desempleo y pobreza, se ha convertido en agravios sentidos por la  población Colombiana, la cual se ha volcado a las calles a manifestar sus inconformidades,  por medios de pancartas, arengas, poesía, baile, un grito a viva voz emitidos en redes  sociales, marchas, espacios públicos, eventos culturales y artísticos donde por medio de la  pedagogía popular sensibilizan a la población frente a los puntos más críticos que invitó al  pueblo, (jóvenes en su mayoría) a participar del Paro.

Es imperante realizar un análisis de lo que ha ocurrido con los actos de vandalismo y  terrorismo que se han gestado no necesariamente en las movilizaciones convocadas desde el  Comité del Paro a nivel nacional, en los días de resistencia continuos a las movilizaciones  masivas y pacíficas. Acciones cómo daño al bien público y privado, incendios a oficinas  bancarias, comercio, e instituciones estatales, además de los bloqueos de vías, que a largo  tiempo terminan por afectar toda la población civil, han agotado apoyos y alianzas  importantes para mantener en el tiempo la movilización social, deslegitimando lo que desde  un principio se legitimó y representó los sentires de una gran parte de la población  Colombiana, logrando de este modo ganar capitales humanos e intelectual a favor del Paro,  pero que ahora han puesto la población civil contra los bloqueos, pues se debe evidenciar los  actos en contra de los derechos de los ciudadanos que se han visto afectados por los mismos,  finalmente repercute en la estigmatización de los protestantes que de manera coherente con lo  que se está pidiendo en el pliego de quienes han salido pacíficamente a las calles a respaldar  el Paro Nacional. Los bloqueos son un repertorio de acción que se da en las movilizaciones  sociales, para evidenciar una problemática sentida por la comunidad de manera efectiva, con  el fin de llamar al diálogo frente a las instituciones que puedan dar soluciones a las mismas,  más no son una estrategia exitosa a largo plazo por las repercusiones negativas que pueda  está infundir contra el movimiento social, o de manera contraria pueda ser utilizada por el  Estado para justificar sus acciones represivas.

Las diferentes formas de expresión y visibilización de las inconformidades sentidas por los  ciudadanos, debe volverse bandera de lucha a un mes del Paro Nacional. Por ende los  activistas y líderes del mismo deben tener la capacidad de liderazgo para convocar a la  movilización que resuene y respondan a las culturas de las poblaciones donde se gestan las  protestas, logrando de este modo llevar una acción conjunta, organizada y operativa para el  cambio social. Los actos de rap y arte urbano, las protestas pacíficas prepositivas, donde se  plasmen los sentires de los manifestantes por medio del arte y la expresión artística, los  conciertos de música consciente, popular y folclórica, espacios de participación ciudadano  abiertos y amplios para escuchar las diferentes voces divergentes y convergentes de la  situación política y social del país, las asambleas populares, foros y debates al parque, los  espacios de micrófono abierto, el rescate de la historia de las luchas populares de nuestros  ancestros en parques y esquinas principales, las voces de la primera línea, la pedagogía  popular política, entre otras actividades que convoquen espacios plurales deben proponerse,  con el fin de que la ciudadanía se sienta representada y escuchada, para de este modo  legitimar la protesta social pacifica y familiar y ganar alianzas o coaliciones que finalmente   mantendrán viva la llama de este hito histórico. Se debe legitimar y apoyar las diferentes  causas de las protestas, siendo conscientes del pliego de peticiones en relación con la realidad  política, social y económica del país.  

Es evidente la falta de garantías para la protesta social pacífica, el incumplimiento de los  Derechos Humanos en el ejercicio de la movilización pacífica, se toma como bandera de este  Estado de la mano con su Mindefensa, pues sus acciones premeditadas han tenido cualquier  tinte guerrerista típico de teorías del enemigo interno como estrategia política con el fin de  ganar adeptos en las próximas elecciones. 

Del mismo modo, los líderes del Paro, deben por responsabilidad social y con los  manifestantes, concertar de manera lógica y realizable las peticiones y solicitudes al  Gobierno Nacional, para llegar al fin a las negociaciones; por ende analizar que los bloqueos  continuos terminan en la pérdida de alianzas y legitimidad para el Paro, debe invitarlos a  emitir un mensaje de concertación. Que no se pierda de vista lo importante: empezar la  negociación del pliego, pues en este están las necesidades más sentidas de la población que  sale apoyarla y es en su debate que se puede tramitar las problemáticas que afectan el país. 

El Gobierno no ha tenido voluntad política ni propositiva en la mesa de concertación nacional  para dar cumplimiento a lo solicitado por medio de las negociaciones que aún no empiezan;  es indiscutible su capacidad para dilatar lo importante, cómo estrategia de desgaste y  visibilización de estabilidad y unanimidad al interior del gobierno, cuando por medio de redes  sociales dan las órdenes a tan importante ente institucional y por temor a lo innegable cómo  los sesenta y nueve muertos que dejan las movilizaciones, han rechazado la veeduría  internacional a las protestas y el Paro, deslegitimando de este modo, lo poco que le queda al  gobierno de “mano firme y corazón grande”.  

“En las urnas se ganará la lucha y un nuevo resplandecer honrará el legado del 91”.  

ESQUIRLA  

A la Constitución Política del 91 le debemos el Estado Social de Derecho, una democracia  pluralista con enfoques de derechos, las instituciones a favor del pueblo garantistas del  cumplimiento de las mismas por medio de la conexión del ciudadano con el Estado,  utilizando figuras jurídicas plasmadas en la constitución cómo tutelas o derechos de petición;  incluso es en la carta magna donde está consagrada la movilización pacífica: en su artículo 20  (libertad de expresión), artículo 37 (derecho a la reunión y asociación) artículo 40 (derecho a  conformación, ejercicio y control del poder político). ¡Respetarla, conocerla, y defenderla es  un deber de todos!  

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