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La ruptura de la generación de cristal

31 de Mayo de 2021. Guardado en Opinión

Cuando escuchamos el termino “generación de cristal”, automáticamente lo colectivizamos con jóvenes que gozan de poca perseverancia, frágiles, generalmente fríos para el trabajo arduo y, en resumidas cuentas, se les vincula con la pereza y sostenimiento por parte de su familia. Esa idea se ha venido arraigando en el tuétano de nuestra sociedad, llamándolos igualmente como la generación “Ni-Ni”, Ni estudia Ni trabaja.  No obstante, con la actual realidad del país en el marco del Paro Nacional que inició desde el 28 de abril del presente año, se ha visto una juventud muy diferente a la que se le asocia con dichos sinónimos negativos y muy por el contrario, se ha visto una juventud activa, incansable, dispuesta a entregarse literalmente en cuerpo y alma a una causa; el cambio.

Los jóvenes a quienes se les tilda de indecisos, ahora los vemos como con una energía casi inentendible pueden pasar al sol, agua y frio, mañanas, tardes y noches buscando ser escuchados, pidiendo por todos los medios que un cambio sea necesario ¿realmente como culparlos? Si ellos están observando que solo el 10% de los jóvenes estratos uno logra ingresar a la universidad según datos del Ministerio de Educación, si ellos, lo jóvenes, ven que el derecho a la educación gratuita y pública no es la regla general y que el artículo 67 de la Constitución Política de Colombia, es una excepción. 

Las generaciones pasadas se encargaron de romantizar la pobreza, normalizando e incluso resaltaron como un niño debía caminar durante horas por medio de trochas y caminos en mal estado para llegar a la escuela donde encontraba algo de conocimiento y alimentos para su diario vivir. Era normal e incluso motivo de orgullo ver como una madre con sus hijos a hombros intentaba brindarles unas condiciones dignas de vida, mientras ansiaba vender algunos dulces a los incautos transeúntes. Los anteriores son solo ejemplos del diario vivir con los que debió crecer “la generación de cristal”, los jóvenes que hoy vemos en las calles, representan a ese niño que caminó durante horas a la escuela, así mismo simbolizan a esos niños que estuvieron con su madre en la calle y que ahora ven como la adultez las perspectivas y oportunidades que les deparan no mejoran. 

Se expone que los jóvenes son sostenidos por sus padres o familiares, pero ¿Cómo irse de su casa y dejar su hogar? Si los $908.526 mensuales no les alcanza para pagar un arriendo, servicios, transporte, alimentos y educación. ¿Cómo callar con un estado que no le garantiza sus mínimos de digna subsistencia? ¿Cómo silenciarse con un estado donde solo se logra recuperar el 1% de los 50 Billones que se pierden anualmente en corrupción?, según informe de gestión 2019-2020 presentado por la Contraloría General de la República. 

La generación de cristal se rompió y esta demostrando que son jóvenes mucho más fuertes y tenaces de lo que la misma sociedad creyó. Ahora no se van a detener hasta que los cambios sociales, económicos, académicos y políticos no se vean efectivamente aplicados, no hay tantas balas para silenciar tanta pobreza e inconformismo. Estamos frente a una generación a la que no le dieron nada y, por ende, no tiene nada que perder y muy por el contrario tienen todo por ganar.

Quiénes se preguntan, actualmente; ¿cómo detener el Paro Nacional? La respuesta es clara: brindarle a los jóvenes acceso a la educación superior, oportunidades laborales y empresariales diligentes, equitativas, dignas. Y si la pregunta es ¿De dónde saldrán esos recursos? La respuesta es más clara aún y es que la Contraloría, Procuraduría y Fiscalía, ataquen de forma vehemente, eficiente y eficaz la corrupción nacional y hasta que esos cambios no sean tangibles, estaremos en un Paro Nacional, permanente o crónico.

Los jóvenes que si bien son llamados una generación de cristal, son una generación transparente que esta en búsqueda de la equidad y la justicia, al escuchar sus peticiones, no están pidiendo nada gratis o regalado del estado, solamente equidad frente a oportunidades dignas. Los jóvenes de Colombia, no quieren verse obligados a elegir, como lo hicieron las generaciones pasadas, entre migrar de su tierra o tener que elegir entre las FFMM o las bandas criminales, a fin de asegurarse un mejor futuro. 

El estado social de derecho tiene la obligación de garantizar esos mínimos y si no es posible dar cumplimiento a estos ¿Cómo puede pedirle a la juventud que lo reconozca como autoridad? ¿Qué clase de autoridad es aquella que busca imponerse en vez de ganarse? Es claro que si el Estado, busca atraer a los jóvenes y exigirles respeto frente a sus instituciones, es necesario que ese mismo estado tenga la voz suficiente para demostrar que ha cumplido con sus deberes, pero si el equilibrio continúa solo para unos pocos, los problemas serán permanentes, recordando que para el año 2020 fuimos catalogados como a la nación más desigual de toda América Latina, según la revista Forbes y me pregunto ¿Cómo no romperse frente a eso?

JULIAN ANTONIO ZAPATA RODAS. ABOGADO 

Especialista en derecho contractual - U. del ROSARIO

Especialista en derecho comercial - U. Javeriana 

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