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GLIFOSATO CÓMO RESPUESTA A LAS NECESIDADES DEL CAMPESINADO COLOMBIANO

Escrito por Alejandro Medina Marín , 26 de Abril de 2021. Guardado en Opinión

El Glifosato es un producto químico elaborado por Bayer en  sus fábricas de Estado Unidos; este es utilizado para eliminar maleza, hierbas, arbustos y es vendido a los campesinos y  gobiernos donde los estadounidenses tienen ingerencia con sus políticas nefastas para la erradicación del polvo que tanto consumen sus coterráneos y que además no han tratado de manera exitosa cómo una cuestión de salud pública. En fin, se trata de financiar la guerra contra las drogas, así como la llevan financiando desde los años 20´s en Afganistán donde al igual que en Colombia por medio del Plan Colombia y el honor de patria vendido a sus soldados dejan infinidad de muertes y afectaciones a costa de sus políticas de seguridad y apoyo sustentado en dinero, y dispositivos de guerra construidos por una industria que muy bien conocen. No es coincidencia que inviertan sumas de dinero importantes, por medio de sus grandes manufactureras amamantarías y farmacéuticas en América Latina, bajo el lema de erradicar la hoja de la maldición gringa; un negocio fructífero para la nación y fábricas estadounidenses, pero nefasto para la población rural Colombiana.  

Es imperante reconocer que el glifosato es vendido de forma soluble en cantidades concentradas para ser diluido en agua, y no se le hace un  control, ni supervisión para su uso adecuado. Teniendo en cuenta lo anterior, según la página de Bayer, el Glifosato "contribuye un bajo riesgo para la salud humana, siempre y cuando sea utilizado de manera adecuada". De lo anterior, ¿qué supone uno?  

Diferentes estudios académicos y científicos han puesto en evidencia que el herbicida producido por la multinacional Bayer, al cual se le llama científicamente cómo a?cido amino-metil- fosfo?nico,  afecta de manera directa la salud humana, debido a sus componentes químicos, pues se ha dejado en evidencia, que este produce el desarrollo acelerado de células cancerígenas, afectaciones neurológicas y de piel, síntomas cómo cefalea, mareo, sudoración profusa y visión borrosa. Además de causar en mujeres embarazadas aborto. El Programa de Erradicacio?n de Cultivos Ili?citos con Glifosato es ejecutado en las zonas rurales de nuestro país pues es allí donde se cultiva la hoja de coca, y donde existe menos inversión social; por consiguiente son los campesinos quienes se ven mayormente afectados por las consecuencias atroces de este herbicida utilizado por el Estado Colombiano no solo por sus afectaciones para la salud física y mental, sino por los desplazamientos que ocasiona la utilización del mismo cerca a sus fincas y cultivos lícitos. Así mismo por poner un contexto latinoamericano, en el país vecino Brasil, entre los años 2000 y 2010, al usar glifosato en cultivos de soya aumentó la probabilidad de más de 557 muertes adicionales de niños.  

Del mismo modo, el glifosato trae consecuencias nefastas en la armonía de la madre tierra, debido a que la aspersión área del glifosato, no solo culmina con la hoja de coca, sino también con la biodiversidad y cultivos con los que linda, lo que trae cómo consecuencia el cambio en el paisaje, la cultura, los estilos de vida y la forma de cultivar en diferentes regiones del país, perdiendo de este modo las tradiciones de nuestros campesinos.  

En concordancia con lo anterior, diferentes países atendiendo las consecuencias de este herbicida y pensando en sus intereses particulares, nacionales y en la salud de sus connacionales, han decidido eliminar este producto cómo una opción para la erradicación. Alemania ha eliminado el glifosato de almacenes de agroquímicos y la ha dicho no a la utilización en la Agencia Federal De Medio Ambiente Alemana UBA. Francia, Suiza, Holanda y la Unión Europea han dejado de comercializar el glifosato en almacenes agrícolas y han impuesto campañas para que no se renueven la licencia de este herbicida bajo la argumentación de sus afectaciones en la salud humana, cómo lo es el cáncer, logrando hacer veeduría y cumpliendo el derecho a la salud de sus ciudadanos.  

El Estado Colombiano, bajo la sombra del Gobierno electo por este pueblo abúlico, de manera afanada e incitado en la muestra de resultados de la erradicación de coca al país aliado Estados Unidos y bajo argumentos que excluye la salud y vida de los campesinos, ha decidió dar un paso más para aprobación de la fumigación aérea con glifosato de manera burocrática y en medio de la discusión de la nefasta reforma tributaria, pues el Consejo Nacional de Estupefacientes tiene la última palabra y según La Silla Vacía, Duque tiene 8 de sus 9 integrantes cómo subalternos.   

Lo anterior deja  en evidencia la poca capacidad y voluntad política del gobierno para realizar inversión social en las zonas rurales, además de evidenciar una vez más su espaldarazo al proceso de paz, al no contribuir a la sustitución de cultivos ilícitos. En términos económicos, fumigar una hectárea con glifosato vale 72 millones de pesos, sustituir los cultivos ilícitos vale 40 millones por familia. Así mismo, según la Dirección para la Sustitución de Cultivos Ilícitos se gastó entre 2005 y 2014 79,9 billones de pesos en la aspersión de glifosato, por el contrario se estima que para sustituir los cultivos ilícitos es necesario invertir aproximadamente 40 millones por familia y un total de 2,9 billones de pesos. La sustitución de cultivos ilícitos además de llevar el  Estado a estos territorios abandonados por la protección de los derechos humanos, propone alternativas económicas, de apoyo en seguimiento y asesoría a  los campesinos para que sustituyan sus cultivos por  productos lícitos.  

El Estado Colombiano por el bienestar social y el futuro de la nación, debe decirle no a la aspersión área del glifosato. Si debe velar por el derecho a la alimentación, vivienda y  salud, de los colombianos y de los campesinos de nuestra nación, por medio de la inversión social - económica y políticas de salud pública, en las zonas rurales, donde el conflicto, la violencia y la poca capacidad de inversión ha puesto en una situación de vulnerabilidad a los campesinos y pequeños productores, debido a que las multinacionales han llegado, cómo es común en estados neoliberales, a brindar apoyo económico y   técnico por medio de la venta de semillas transgénicas, dejando solo para el contar de historias, la siembra de las semillas “madres” que generaban los cultivos por medio de prácticas  basadas en la armonía con el medio ambiente, prácticas que eran enseñadas de generación en generación a través de la tradición oral de nuestros ancestros indígenas y campesinos; lo anterior sin nombrar el desplazamiento del campesinado debido a la compra de sus parcelas por las grandes industrias agroalimentarias.   

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