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#ESCUCHÉMONOS

Escrito por Orlando Parra G. , 15 de Junio de 2021. Guardado en Opinión

Cuando llegó la gran crisis económica de 1930, esa que mostró que el mercado salvaje era un espacio de bestias donde los más débiles perdían; millones se empobrecieron y otros llegaron a la miseria. La desesperación se expresó de diversas formas. Y no fueron oídos, fueron escuchados. De allí nació el nuevo acuerdo, el new deal¸ que esencialmente direccionó la economía al servicio de los escuchados. 

Parte de eso llegó a Colombia con los esfuerzos del presidente liberal Alfonso López Pumarejo (1934-1938) al alentar la posibilidad de formar sindicatos, pero especialmente con su reforma agraria. Si bien López volvió a gobernar entre (1942-1946) [renunció, entre otras cosas, luego de un golpe de estado conservador  - derecha]. Lo claro es que sus propuestas fueron oídas, pero NO escuchadas.   

A partir de 1946 Colombia ha entrado en largos periodos de NO escucha, que es peor que la sordera, pues hay muchos sordos que escuchan más que quienes oyen. Situación que ha alentado diversas violencias. Por no escucharnos, se desató esa barbarie llena de bestias sueltas –amnistiadas e indultadas irresponsablemente por nuestras élites luego- que se da en llamar “la violencia”. Por No escucharnos vino la guerrilla, vinieron los paras. Vino el secuestro. Vinieron las decenas de miles de denuncias y cientos de condenas que hay contra el salvajismo de personas que deshonran el uniforme de servidor público. Vino el narcotráfico. Vino… todo aquello que hace que en el mundo nos digan: “ustedes han hecho normal lo que es a-normal: ustedes son una sociedad con graves problemas: los mentales, pueden ser los más importantes”.   

Hace décadas sabíamos que -según la revista  www.forbes.co  (sí, la misma)- somos el país más desigual de américa latina. Y baboseábamos al reconocer que había millones de jóvenes que ni trabajan ni estudian. Sinnúmero de ellos cooptados por organizaciones del micro tráfico o dedicando su enorme tiempo libre al consumo de estupefacientes. Otros llenándose de dolor, de ira, de resentimiento por la ausencia de oportunidades, sólo por no haber estudiado. En ese escenario, en abril, antes de los bloqueos, la  www.larepublica.co  relataba que durante la pandemia ya 3.6 millones de colombianos habían caído en la pobreza. 2.8 millones en la miseria. En total: 21 millones de pobres y 7.4 millones miseros. Vino “el huevero de Carrasquilla-Duque”: un paro que pasó a revuelta y a explosión social y entonces tenemos cerca de 100 personas muertas. Miles de heridos. Millones de afectados. Billones en pérdidas económicas. Y… aquí algunos siguen sin escuchar. Ni siquiera quieren escuchar a la ANDI, o a FENALCO, etcétera, quienes dicen claramente que ha llegado la hora de hacer de este un país/ciudad más justa; de asumir, a fondo, estructuralmente, que  nunca se ha tratado sólo de crecer económicamente: se trata de que ese crecimiento beneficie a TODOS.

Las crisis siempre son una oportunidad. Eso lo saben los empresarios mejor que cualquier otro (incluso ostentan sus quiebras previas). Tenemos una gran oportunidad: Unas 90 mil personas aquí en Pereira, Dosquebradas y La Virginia, NO comen tres veces al día. Y ya está claro que un gran grupo de ellas no viven en zonas barriales alejadas: donde muchos de quienes habitan en sectores opulentos Ni saben que esos barrios existen (…). Ha sido “nítido” que en nuestros centros y subcentros también está el caldo de frustraciones, iras, dolores, rabias, acumuladas, perfecto para la violencia, o perfecto para entender que llegó la hora de replantear la acción/prevención social.   

Creo que el paro aún no ha pasado; que la crisis NO fue causada por el paro: es al revés; que hay causas profundas, acumuladas. Creo que esas causas no han sido resueltas: siguen ahí, profundizadas por la pandemia y por los bloqueos. Creo que las MASAS que siguen protestando, en su mayoría absoluta de manera pacífica, TIENEN TODA LA RAZÓN; que buena parte del gran empresariado ha entendido que hay que hacer cambios y hacerlos YA, Incluida PEREIRA Y RISARALDA; Creo, entonces, que hay esperanza. El discurso del miedo, señores, ya no funciona... #Escuchémonos   

Nota: los próximos meses, por lo menos tres, esta columna se centrará en la emoción y el espíritu.  


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