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El amanecer democrático o gobernanza, una necesidad para transformar la estructura colombiana

Escrito por Andrés Carrero , 05 de Diciembre de 2018. Guardado en Opinión

El gobierno y la gobernanza son dos conceptos muy distintos y distantes, y es por ello que los gobiernos deben comenzar a diferenciar su función pública de representantes y líderes ante órganos nacionales e internacionales, de cuerpos autónomos en decisiones que desdeñan a quienes les permitieron ocupar el honorable puesto de gobierno nacional.

Y es que en las últimas décadas las cifras estadísticas nos muestran cómo ha cambiado nuestro país, cómo muchas personas que provienen de contextos vulnerables acceden a educación superior y descifran, proponen, construyen, diseñan nuevas formas de socialización. Otros colombianos, sin necesidad de ir a la Universidad han podido viajar a Europa y Estados Unidos, y con ello construyeron referentes de cómo podría vivirse y al regresar a Colombia han comprobado que la estructura administrativa de nuestro Estado es incapaz de llegar al desarrollo prometido.

Estudiantes, empresarios, nuevos académicos, egresados de universidades públicas y privadas comienzan a confrontar el sistema y con ello, a buscar alternativas para superar las crisis; pues evidentemente no se trata de ser de izquierda o de derecha dado que en Colombia no se vive un capitalismo moderno y de oportunidades, más bien nos vivimos en un capitalismo salvaje en el que Estado sirve muchas veces de maquinaria a favor de la ilegalidad, la criminalidad y el engaño, mientras la clase media tiene que resistir la carga fiscal de unas gigantescas mayorías pobres con pocas oportunidades para superar su condición.

¿Qué deberíamos hacer en esta situación? Vincular las protestas que vive el país a la decisión de Gustavo Petro es un despropósito atrevido, sin sentido y falto de coherencia con el amanecer democrático que vivimos, si se quiere decir, la gobernanza; es por tal razón que sin importar quién gobierne, la obligación administrativa debe centrarse en hacer las modificaciones necesarias a la estructura del país, de lo contrario no habrá forma de tener estabilidad política. Hoy tenemos protestas de tipo nacional por asuntos que dependen del Gobierno central, pero pronto tendremos las locales, ésas lideradas por representantes comunitarios que comprenden, qué es de Bogotá y qué es de sus localidades.

Por ello y más, mi invitación es superar la izquierda y la derecha, conceptos vagos en este trópico pintoresco que cita autores que no ha leído y aplica teorías desde el parecer personal, pues no hay nada más distante que la teoría marxista en las izquierdas latinoamericanas, o la teoría liberal de la Escuela de Chicago en las supuestas economías de libre mercado en las que perviven los carteles y el consumidor realmente es el último beneficiado. Por ello invito a todos mis lectores a diferenciar qué tenemos que protestarle al Gobierno nacional y qué al gobierno local; los invito a que aunemos fuerzas para diseñar nuestros propios modelos de desarrollo, pues si algo he aprendido es que en las calles hay personas más preparadas para administrar un territorio que los políticos que legislan sobre economía, salud, educación, turismo, medio ambiente, deporte, etc.

Es menester pensar la ciudad y el país como esferas distintas, es fundamental aprovechar la crisis institucional para construir nuevas ciudadanías; debemos aferrarnos a la estadística, a la razón científica, a la planificación del futuro, al respeto y la dignidad del otro. Y sin importar quien llegue al poder local, regional o nacional, es deber proyectar la reforma estructural para traer el orden que tanto necesita nuestra aporreada republiqueta bananera; de lo contrario seguirán las marchas, las protestas, los bloqueos, la insatisfacción que no es más que el combustible de las distintas formas de violencia que hemos experimentado por tantos años.

Hoy son los estudiantes de la pública con sus justas reclamaciones, después serán los campesinos que reclaman lo acordado en La Habana, porque el primer punto no es más que el camino para el desarrollo capitalista del campo sostenido en tres principios claves: titulación de predios, modernización productiva y configuración de sistemas de producción, mercadeo y venta de productos agrícolas. Vendrán los camioneros si se incumple la promesa de mantener la chatarrización, pues más del 70% es pequeño propietario y la aplicación de acuerdos comerciales que liberan el mercado de carga es la condena a este importante gremio nacional. Así, poco a poco veremos un país paralizado por la incapacidad administrativa y el afán de sostener la estructura añeja y débil.

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