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Despolitizar para politizar; la estrategia del totalitarismo uribista

Escrito por Andrés Carrero , 11 de Marzo de 2020. Guardado en Opinión

Las declaraciones de la nueva ministra del interior, Alicia Arango, en relación con los asesinatos de líderes sociales y los informes presentados por la ONU, no solo generan suspicacia entre quienes se declaran en oposición política al gobierno de turno, sino también, exige preguntarnos por el alcance que tienen sus declaraciones en un contexto de democracia y construcción de paz política. Evidentemente, este gobierno viene construyendo un discurso sumamente peligroso en el que la diferencia no tiene cabida, a menos que sea en el marco de sus reclamaciones naturales de cualquier grupo político; así las cosas, discrepar es únicamente un derecho del Centro Democrático, más no aplica para quienes son opositores.

Esta estrategia de gobierno, liderada desde los ramos de Justicia, Interior y Guerra, principalmente, ha conllevado a que la oposición política o la participación por fuera de las banderas del partido de gobierno, se vuelva motivo de persecución por agentes encubiertos (1), intimidaciones constantes, (2) e incluso, asesinatos de líderes sociales como los registrados por ONU y la Fiscalía General de la Nación. Pero si bien, esto nos debería alertar en tanto representa cifras escalofriantes, típicas de una dictadura disfrazada de democracia; un análisis del discurso pronunciado por las carteras ministeriales que hemos citado, nos obliga a pensar con mayor detenimiento, puesto que, evidencian cómo se construye una postverdad y cómo se despolitiza el conflicto en aras de politizar con las banderas del totalitarismo -algunas veces fascista- de este gobierno.

Decía la ministra Arango que una muerte es igual, sin importar si se trata de un líder social o una persona a la que le roban su celular; a su juicio, las madres lloran los muertos con el mismo dolor. Además, exponiendo cifras aportadas por la Fiscalía -única fuente creíble según la ministra-, minimiza los sucesos demostrando que los asesinatos no alcanzan el 1% de las muertes en Colombia; entonces ¿Por qué chillan tanto?, se preguntaba la ministra.

Si bien, podría tener razón en tanto una muerte es dolorosa para un familiar, no olvidemos que se trata de un asesinato selectivo, con móviles políticos y con un objetivo que trasciende lo material; es decir, que la muerte del líder social no sólo busca callar una voz de protesta sino también, amedrentar a quienes se identifican con esa voz. Asesinar a un líder es cortar la voz de una reclamación, la voz de un cuerpo multiforme integrado por varias personas que depositan su confianza en aquella o aquel capaz de hablar por los demás. Los asesinatos de líderes sociales se configuran en un atentado a la democracia, a la construcción de “paz con legalidad”, como diría la campaña del gobierno Duque.

Evidentemente, la ministra y el gobierno tratan de despolitizar el conflicto colombiano, lo que implica reducir los casos a cifras y con ello, construir una postverdad en la que los crímenes políticos se transforman en hechos domésticos; algo típico del totalitarismo uribista.

Por ello se equivoca, señora ministra, puesto que reducir a cifras los crímenes de líderes y lideresas, es parte de una estrategia que niega otras formas de hacer política; lo que podría llamarse fascismo solapado.

PDT:

1.  No hay una persecución en contra de Darío Acevedo, director del Centro Nacional de Memoria Histórica. Se reclama su renuncia, no porque sea de derecha o de izquierda, es por su falta de profesionalismo para liderar una institución que tiene como objeto, la construcción de memoria histórica. Si Darío Acevedo tiene algo para cuestionar frente a los informes que le antecedieron, debe hacerlo a partir de la crítica metodológica, y no por el contenido del documento.  

Por otra parte, sí es deshonesto plantear que se construirá una nueva memoria despolitizada, justificándose en la negativa del conflicto social armado; algo que no solo reconoce la academia colombiana, sino la misma Corte Constitucional.  

Por estas razones, usted debe renunciar, pues la dirigencia de una institución debe ser imparcial, y evidentemente no lo está siendo. 

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