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DESCONFIANZA E IMPUNIDAD EN LA INSTITUCIONALIDAD

Escrito por Alejandro Medina Marín , 30 de Junio de 2020. Guardado en Opinión

No se debe justificar, poner en duda o impugnar un acto de violencia física, psicológica y sexual, hacia cualquier persona, que al ser violentada se convierte en víctima y su cuerpo, mente y alma sufrirá una transformación que cambiará por completo su rumbo de vida y el de su familia.  

La violencia sexual en Colombia  es una problemática  histórica. En el 2018, se reportaron en promedio 73 casos de violencia sexual por día; esto se podría analizar de dos maneras: 1) la violencia sexual en Colombia ha existido desde la época de la Colonia, 2)  las cifras anteriores revelan que cada vez más ciudadanos o ciudadanas denuncian  estos actos de violencia, sin dejar de lado el temor de  hacer las denuncias, pues siempre habrá por parte del abusador amenazas que se traducen en un epitafio no solo para el denunciante, sino también para la víctima, y su familia; sin embargo, existen personas socialmente responsables que cumplen con su deber de ejercer las denuncias, confiando en que exista un Estado que les brinde protección.  

Para quien fue abusado, ya sea un menor o persona adulta, siempre quedará secuelas emocionales, pues es una experiencia que quiérase o no, marcará un precedente en su modus vivendus. Cuando se trata de un abuso en menores, la realidad del hecho se debe analizar desde la premisa de que el acto carnal violento no fue meditado ni consensuado por la víctima (menor de edad). (1)  Las secuelas emocionales de las víctimas de abuso sexual se analizan en corto plazo: actitudes de ansiedad y depresión, rechazo del propio cuerpo, desconfianza, problemas del sueño, rencor hacia los adultos, dificultades específicas para socializar y comportamientos sociales agresivos, además de vergüenza y la señalización por el acto del cual fueron víctimas. A largo plazo: Desórdenes alimenticios, intento de suicidio, consumo de alcohol, trastornos de personalidad, estrés postraumático, desconfianza y miedo de los hombres, dificultad para expresar o recibir sentimientos de ternura, dificultades para la activación sexual y  dificultades para socializar con su entorno. (E. Echeburu?a1 y P. de Corral, 2011).  

El Estado Colombiano, en cabeza de sus instituciones, debe entre otras cosas, velar por el bienestar de los ciudadanos, por su protección y por evitar que todas esas afectaciones emocionales, físicas y psicológicas,  se presenten en el territorio y menos por los miembros del Ejército Nacional,  que entre otras cosas muy bien representa al Estado. Los abusos de la honorable institución anteriormente nombrada, no solo se ha visto implicada con afectaciones a menores en este hecho, recordemos que (2) el año pasado la operación Atai llevada a cabo en selvas Caqueteñas, tenía el objetivo de  bombardear una instalación donde se encontraba un disidente de las FARC, instalación donde había menores, y el Estado estaba al tanto de esta situación , pues (3) la defensoría del pueblo le había notificado que desde enero los menores corrían riesgo de ser reclutados.  

Por responsabilidad frente a la comunidad Embera Chami, y por reconocimiento de las demás comunidades indígenas, la menor indígena de la comunidad Embera que fue víctima de violencia sexual por miembros del Ejército Nacional, debería estar en su comunidad, pues la cultura indígena tiene otras maneras de abordar está problemática con base en su espiritualidad y  rituales propios, los cuales son guiados por el Mayor Espiritual o Médico Tradicional.    

Por respeto, justicia y reparación a la víctima, por el respeto a las comunidades indígenas, por respeto a la afrocolombianidad, por respeto a los líderes y lideresas sociales y por respeto al pueblo colombiano, el estado debería dar  una disculpa pública, que hasta la fecha en que se escribe está columna, no ha ocurrido; dejando en claro, las intenciones y modos de proceder del Estado: negligencia, miedo e impunidad y un  Proceso De Paz que por falta de voluntad política no ha avanzado de manera oportuna.  

De lo anterior,  ¿Que supone uno?  

 

BIBLIOGRAFÍA.  

(1)Echeburúa, E., & Corral, P. D. (2006). Secuelas emocionales en víctimas de abuso sexual en la infancia. Cuadernos de medicina forense, (43-44), 75-82.  

(2) Lo que se sabe del bombardeo del Ejército en el que murieron al menos ocho niños

(3) Inteligencia advirtió de reclutamiento de menores en zona bombardeada  


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