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No le pidan a Duque que sea Duque, Duque ya es Duque

Escrito por Andrés Carrero , 20 de Diciembre de 2019. Guardado en Opinión

Si algo me molesta de la opinión pública colombiana es su afán por buscar culpables fuera del país y no reconocer que muchos problemas son solo nuestros. Esto aplica para discutir sobre imperialismo yankee, desarrollo económico e incluso, Duque. Sí señoras y señores, Duque, el presidente. 

Desde que comenzó su gobierno, columnistas y cientos de personas en redes sociales le pidieron a Duque que gobernara solo, que se hiciera a un lado del uribismo y que construyera su propia agenda. Todos lo presentaron como un hombre joven, con capacidades intelectuales para dirigir la Nación e incluso se atrevieron a compararlo con Santos; sin embargo, lo que me sorprende es la incapacidad que tenemos los colombianos para aceptar que las cosas pueden ser malas e incluso, todo puede ser peor. Quizá es porque hemos crecido entre asuntos tan molestos que todo el tiempo buscamos una justificación para lo que es un hecho; por eso mi anterior línea sobre el imperialismo y el desarrollo económico. Y es que, aunque no podría negar el imperialismo yankee, dudo significativamente que los gringos tengan la capacidad para controlar todas las decisiones que tomamos en Colombia. Por un momento piense en Lloró-Chocó, o en el corregimiento de Cacahual en Guainía: ¿Será que la plata que se han robado los políticos locales, con la cual habrían hecho escuelas, colegios, acueductos, alcantarillados, etc., es por culpa de los gringos? 

Así también nos pasa con Duque. Sí, ese joven presidente que direcciona a Colombia, que algunos por ignorancia política y otros por afinidades con las tiranías prefieren decir que “no lo dejan gobernar”; como si en las democracias las decisiones gubernamentales fueran un comité de aplausos y no una constante de control político. Tenga presente, amigo y amiga lectora, que ese joven presidente que se formó como economista de la mano de académicos y políticos vinculados al Fondo Monetario Internacional, también tiene sus criterios y sabía a qué reto se enfrentaba. 

A mi modo de ver, Duque es un hombre muy inteligente pero su egoísmo es tan grande que por ello mismo pudo militar en el Centro Democrático; e incluso, ser su candidato presidencial. Ahora bien, no creo que Duque ganara por sus cómicas puestas en escena; evidentemente su triunfo se lo debe a Álvaro Uribe, la peligrosa asociación cristianos protestantes-gobierno, la abundante desinformación que circuló en redes sociales y la poca participación electoral. Solo votó el 53,36% del 100% habilitado para hacerlo. 

Entonces, ¿Por qué seguimos creyendo que Duque debe hacerse a un lado del Uribismo cuando él profesa el Uribismo?, ¿Por qué queremos que Duque se comporte como un joven si está viejo? sus ideas son viejas, no tuvo ni tiene nada que mostrar, no es revolucionario, ni siquiera reformista; es un joven de cuerpo, pero egoísta y cortoplacista de mente. Para mí, es un digno dirigente de la Colombia que no me gusta y que decidí cambiar desde que cogí mi primer libro de Historia. El problema administrativo de Duque, entendiendo las limitaciones de espacio que tengo aquí, se pueden sintetizar en las siguientes líneas: 

1) Quiere gobernar como un déspota, digno de un partido de déspotas, clasistas y anacrónicos; pero se le olvida que ganó con la mitad más uno del 53,36%. Los Verdes y Petro obtuvieron el otro porcentaje y ahora lo demuestran en las calles y la legislatura. 

2) No habrá gobierno nacional sin la mal llamada “mermelada”. Básicamente, si usted es gobierno, tiene que negociar con los otros poderes porque usted no es el único. Duque, por el contrario, como digno del Centro Democrático cree que el país es únicamente de los “buenos muchachos” y se equivoca. Para gobernar hay que pactar; es una ley de la política. 

3) Aunque vivió muchos años en el exterior nunca dejó de ser colombiano; por eso, cuando tuvo la oportunidad de gobernar lo hace de la mejor manera, a la colombiana, a la “Tibet sudamericana”; esa que cree que por ser colombianos entonces podemos pasar por alto los acuerdos internacionales, los convenios firmados e incluso, podemos ir jugando al bravo del barrio sin medir las consecuencias de nuestros actos. Y aclaro, esto último no lo digo yo, es el resultado de tomar las palabras del expresidente Alfonso López Michelsen y las terribles declaraciones de Francisco Santos en relación con la improvisada agenda del actual ministro de defensa en relación con Venezuela. 

Apreciados lectores y lectoras; no busquemos los problemas estructurales afuera, más bien pensemos que lo que tenemos es lo que hemos construido. Si queremos sacar a Colombia de esta vorágine es menester hacer un ajuste estructural que tenga efectos en las capas más bajas como en las más altas, que oriente nuestra vida política y social hacia las agendas internacionales: el cambio climático, por ejemplo; la protección de las cuencas hidrográficas, la construcción de paz política y territorial, la superación de la cultura mafiosa, el rechazo a las bandas delincuenciales y los grupos terroristas como el ELN, el rechazo al secuestro de menores para vincularlos a la supuesta “lucha”, etc. 

Y a Duque, no le pidamos que sea Duque, él ya es Duque. No busquemos esperanzas donde no hay, más bien aprendamos a votar.

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