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Evo, o una autocrítica para la izquierda

Escrito por Andrés Carrero , 12 de Noviembre de 2019. Guardado en Opinión

La salida de Evo, y las distintas reacciones que he podido leer en redes sociales o que he tenido que escuchar de mis más cercanos me han hecho, incluso, dudar de si escribo sobre este asunto; y si lo hago, qué debería decir, puesto que si bien, aún siento prematuro presentar opiniones sobre los acontecimientos de Bolivia, también comienzo a vislumbrar caminos para dialogar con quienes me leen; esperando claro está, sus valiosos aportes. 

Lo primero que quisiera decir es que las reacciones de mis colegas, amigos, compañeros, e incluso, desconocidos navegantes del mundo virtual que opinan sobre estos menesteres confirman la paradoja de las comunicaciones y la información en el siglo XXI: aunque podemos seguir acontecimientos mundiales en tiempo real y tenemos a nuestra disposición miles de fuentes de consulta para justificar académicamente nuestras opiniones, curiosamente, seguimos aferrados a las pasiones ideológicas así nos estemos hundiendo con ellas. 

Aquí mi crítica va dirigida a los de derecha e izquierda, ¿Por qué? porque quienes se precian de ser de derechas son incapaces de reconocer los logros económicos del mejor Presidente de la historia boliviana; el hombre que, después de vivir entre los marginados tomó las banderas del humanismo y posicionó a su país como el de mayor crecimiento económico en el 2019 y 2020, amplió la clase media, dignificó a los indígenas, acompañó la fundación de la Nación incluyente y del “Buen vivir”, e incluso, se llevó el reconocimiento del FMI y el Banco Mundial por su gestión administrativa. Si se tomaran el tiempo de ver cómo se transformó Bolivia respetarían lo hecho por Evo, e incluso, mirarían con recelo su caída; porque el Evo que salió no fue el mismo que un día llegó profesando el socialismo desde el Palacio Quemado. Este Evo, el que renunció por la presión política de su propio pueblo cada vez se parecía más a sus verdugos de derecha, desconociendo así, sus principios. 

Esto último me conecta con mis amigos de izquierda que tanto se parecen a los de derecha, porque el primer Golpe no lo dieron los militares sino el mismo Evo cuando desconoció el mandato constitucional, cuando traicionó los derechos de la Pachamama y fomentó las quemas de selva en el Amazonas para promover la agricultura extensiva, cuando entregó derechos mineros de su país a las empresas extranjeras pasando sobre las consultas populares. El Evo reformista también se enamoró del poder como alguna vez lo hizo la derecha excluyente y racista. 

Por eso creo que la izquierda tiene un deber moral y social sumamente importante, pues más allá de promover y defender el humanismo sobre la ambición y el egoísmo; tenemos que ser consecuentes con lo que profesamos. No es aceptable pedir libertad mientras se aplauden las dictaduras y los personalismos. 

La izquierda nuestra no puede quedarse en el discurso de comienzos del siglo XX, seguir negando las atrocidades cometidas por los emblemáticos dirigentes en la URSS, China, Cuba y del mundo asiático como los de Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Laos, entre otros. La izquierda no puede tapar los vejámenes cometidos por las guerrillas colombianas, e incluso, no puede seguir coincidiendo con el discurso belicista que sólo podría sostenerse bajo el espantoso reclutamiento de menores, secuestro de personas, asesinato de líderes sociales, menosprecio de la vida y narcotráfico. La izquierda latinoamericana no puede seguir en la defensa de Maduro y Ortega, dos enfermos de poder que arruinaron sus países con programas mal diseñados; la izquierda no puede seguir defendiendo sus errores con el discurso de la intervención norteamericana, pues si bien no se puede negar, tampoco es la única razón por la cual no funcionan los proyectos. La izquierda no puede seguir amparando personalismos, tampoco puede limitarse a mostrar una sola cara de la vida, esa que tanto conviene porque allí, sí que se parece a la derecha. 

Cuando seamos capaces de superar los personalismos, hacernos autocríticas, pedir perdón por los hechos victimizantes si se han cometido, reconocer las fortalezas y debilidades de nuestros planteamientos, oponernos incluso a nuestros propios líderes si vemos que están siendo desleales, allí y sólo allí, triunfaremos con facilidad. De lo contrario, con o sin gobierno, veremos cómo se arruinan nuestras ideas y con ellas, la felicidad de millones que alguna vez creyeron en nosotros. 

PDT: Respeto y admiración por los bolivianos que defienden su Constitución; espero que la fuerza y madurez les alcance para impedir el triunfo de los cristianos retardatarios que quieren aprovechar la coyuntura para imponer una dictadura electoral.

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