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“Olguita”

Escrito por Jhoan Camargo , 26 de Octubre de 2019. Guardado en Opinión

Desde el miércoles, Olguita, de 96, desde las siete de la noche está hospitalizada porque le dio un derrame. Se trata de la mamá de mi mamá, mi abuela. La que llevaba meses esperando a que el Señor se la llevara, ahora tiene cierta esperanza mientras está en coma sin dispositivos, tubos ni ningún tipo de oprobio parecido, por fortuna. Mi mamá, que entiende su cansancio de la vida, el peso de tantos años y el hastío de su existencia, tiene como único deseo que muera rápido. Que la llamen en cualquier momento a decirle que ya se fue para siempre. 

Entre esa aceptación y respeto también está el dolor de una hija por su madre certera, pero pospuestamente muerta. Me dice que aún con toda la asimilación por su inminente partida  siente como cierta molestia, ¿oís?  Y acá estamos, uno al lado del otro en el comedor distrayendo sin suerte el pensamiento mientras se espera esa llamada. Si no, piensa ir a Cali para despedirse de ella, de la señora que me dijo la semana pasada  me voy a morir y tu mamá no vino a verme , pero siento que no lo decía con reproche, sino con súplica, la misma de la mano que me aferró cuando intenté moverme para acostarme a su lado. Porque creo que desde hace días entendía que su partida estaba cerca, como si dios o la biología, en contraprestación a tantos años, dolores y cansancios del cuerpo anciano, nos ofreciera la posibilidad de tener una suerte de cosquilla interna, de susurro del alma que nos advierte cuando la partida está próxima. 

La semana pasada fui a visitar familiares, entre ellos a Olguita. Ese día estuve a su lado; ella, más cariñosa que de costumbre, con un afecto casi pueril y silencioso, me contestó cosas insustanciales que yo le iba preguntando como para hilar alguna conversación y que no fuera una compañía de silencios. Le pregunté el nombre de algún cantante, de una canción, la edad que tenía su primer esposo cuando lo conoció con cerca de 13 años ella y al cual enterró a los 17 y con dos hijos. 

Una prima que está con ella me dice que duerme tranquila su coma, es lo único que espero; eso, y que la muerte le llegue en forma de uno de los chistes negros que mi mamá le decía como disfraz para camuflar "te quieros". Mientras tanto, mi mamá y yo en la casa nos fumamos todos los cigarrillos que hay, incluso intercambiamos marcas porque siento que los míos ya son demasiados y muy fuertes; en cambio, ella cambia los suyos de sabores y mentas que vienen a ser poco acordes para la tensión que tiene. Desde ya estoy pensado dónde estarán las aromáticas que a veces compran. 

No sé si Olguita vaya al cielo, al limbo o a la alacena; solo espero que se vaya a reposar con celeridad después de un paso tan largo y últimamente tan cansado sobre la tierra. 

Sería la 1:05 cuando por fin llamaron.

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