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El yo binario

Escrito por Jhoan Camargo , 27 de Septiembre de 2019. Guardado en Opinión

Hace poco, en una clase de  historia de la violencia en Colombia , hablaba con estudiantes de los diferentes retos que como antropólogos, ellos y yo teníamos. Casi que en una epifanía, se me ocurrió comentarles de algo que denominé, y estoy seguro de que no se llama así, el pensamiento binario heredado de la sociedad occidental de marras. Este nombre, que suena más a informática que a otra cosa, no es más que esa capacidad casi natural que tenemos para analizar cualquier fenómeno desde lo binario, dicotómico y maniqueo. 

Es decir, que frente a hechos como el Proceso de Paz, la política, el arte… y en general lo que se nos venga en gana y que sea producto de individuos, tenemos la tendencia a mirarlo como algo que tiene dos posibilidades que, además, son opuestas entre sí, y sobre todo, que una es la cierta (o buena o real o correcta) y la otra que es la equivocada, obviamente partiendo del hecho que la propia es la correcta. 

Uno podría pensar que en términos dialécticos eso es positivo, pero reducir un fenómeno social, que está compuesto por elementos económicos, políticos, culturales e históricos; es decir, que son fenómenos complejos, a una simple decisión o idea es completamente descabellado, pero, sobre todo, peligroso. Y es peligroso porque cuando pensamos que solo y únicamente hay dos posturas sobre x o y tema, nos limitamos a nosotros mismos, y más que formular preguntas, reflexionar, etc., lo que generamos son certezas que nos indigestan, nos vuelven soberbios y constituyen que, puesto que yo tengo la razón, el otro está equivocado, y en tanto el otro esté equivocado, no puedo construir en conjunto con él. 

En ese orden de ideas, pensaría que en esta sociedad nos hemos configurado a partir de alianzas; es decir, con el que tengo puntos en común, sobre todo enemigos u opositores. Si soy del América, mis enemigos son del Cali. Si me gusta la Colombia Humana, al que no le guste es uribista, declarado o no. Si digo que no soy de izquierda es que soy de derecha y si no nos gusta el mar, entonces lo que nos gusta es el clima frío y la montaña. De manera inconsciente nos hemos ido autolimitando y encerrándonos en absurdos donde el que no piensa como yo necesariamente es mi enemigo, y como dije anteriormente, con el enemigo no se construye, no se interactúa, no se gestiona. Al enemigo, sea en el juego o en la guerra, se le elimina. 

Llevamos largas décadas eliminándonos y con ello, lo poco que hemos construido como sociedad. Señores, les decía a los asistentes, salgan de allí, de las dos opciones, entiendan al otro no como un oponente, sino como un reto que hay que abordar, entender, escuchar y, si es el caso, perdonar. Siempre hay una opción diferente a dios y al diablo, siempre se tiene la posibilidad de estar a la altura de las circunstancias y pensarse todo para reflexionar, no para buscar tener la razón y ensanchar hasta el hartazgo ese Yo binario en que nos hemos convertido.

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