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La tensión derivada de la crisis económica y los costos del Estado

Escrito por Andrés Carrero , 11 de Septiembre de 2019. Guardado en Opinión

La decisión del Consejo de Estado de mantener suspendido el uso del fracking en Colombia no solo generó revuelos en el G(?)-obierno Nacional, sino que se consideró un triunfo político de los ambientalistas y opositores. Sin embargo, el problema va más allá de lo que hemos discutido públicamente dado que está en juego tres asuntos claves: 1) las reservas de petróleo, 2) el ingreso de divisas y 3) el sostenimiento del Estado. 

Si bien, me alegro porque no utilicemos dicha técnica, más cuando vivimos en un país con un ecosistema frágil, también me preocupa que no estemos dando la discusión que merece un asunto tan complejo como la devaluación del peso y el cada vez más alto costo del Estado. Esta discusión es fundamental puesto que está en juego nuestro futuro cercano: pensemos en pensiones, trabajo, infraestructura, etc., así como también, el mantenimiento de la estabilidad política y social. Un país pobre, es inestable. 

Para comprender un poco el problema debemos remontarnos a 1991 y tener presente que la Constitución estableció los principios que debía seguir el Estado Social de Derecho. A diferencia de la anterior Constitución, el nuevo Estado amplió sus obligaciones dejando de ser un Estado policía para convertirse en uno garantista. Esta reforma conllevó varios cambios importantes que podemos sintetizar en dos grandes problemas: 1) El Estado no sólo está obligado a garantizar el orden, sino también, prevenir situaciones que generen desorden, y 2) El Estado debe garantizar derechos, como también su alcance; es decir, construir la infraestructura para que la gente pueda alcanzar sus derechos. Recordemos que los derechos son intangibles y su materialización requiere inversión pública. 

Sin embargo, esta reforma loable y defendible por cualquier persona del siglo XXI no nos dice cómo se financiará la intervención estatal, por lo que la mayoría de los ciudadanos piensan que el Estado tiene obligaciones, pero no se preguntan cómo financiamos su cumplimiento. Y es aquí donde está el problema principal puesto que la ampliación de las obligaciones estatales, como también, el cumplimiento de las garantías constitucionales, obliga a que el Estado haga uso de un mayor presupuesto; de allí la importancia de los impuestos y las rentas nacionales. 

A la fecha, nuestro Estado no sólo tiene un desbalance presupuestal derivado de un alto costo operacional y un bajo ingreso anual, sino que tiene la obligación de sostener lo consagrado en la Constitución; entonces, ¿Qué se ha hecho para afrontar este fenómeno? La estrategia más conocida por todos los colombianos ha sido la venta de activos estatales y de empresas públicas, la venta de bonos del tesoro, la solicitud de préstamos ante entidades internacionales y unas constantes reformas tributarias no estructurales pero suficientes para calmar el malestar. El Estado tiene también ingresos por otras vías, entre las que se destacan las divisas generadas por exportaciones, minería y petróleo. 

En materia de exportaciones, no es un secreto que cada vez hay más desigualdad en la balanza comercial, puesto que importamos más de lo que exportamos; entonces los ingresos por esta vía se hacen menores. En materia de minería, aunque vivimos un importante auge con el gobierno Santos I y II, no quiere decir que a Duque le tocaran las vacas gordas y si bien, el petróleo le alcanza a este G(?)-obierno, para el que sigue, no habrá. Puntualmente, nos estamos quedando sin reservas. 

Este panorama es crítico dado que el fracking prometía ser una alternativa para el sostenimiento de la producción petrolera, que es uno de los principales ingresos monetarios del país y básicamente nos permite sostener el alto costo operativo del Estado Social de Derecho; entonces sin reservas de petróleo ¿Qué hacemos? No es tan sencillo decirle a Duque “no insista, fracking no”, como lo hizo una reconocida presentadora nacional; más bien deberíamos decirnos, ¿Qué vamos a hacer? 

Algunas personas de mis redes sociales promueven el desmonte del Estado suprimiendo la educación pública gratuita, la venta de las empresas públicas -ni siquiera acciones-, la eliminación de Agencias y el recorte de la burocracia estatal; sin embargo, estas ideas son dignas de tibetanos andinos, pues está demostrado en otras experiencias que el problema no va por allí. El hecho es que, a corto plazo, no habrá plata para tanta gente y lo más probable es que sean estas ideas tibetanas las que se impongan; entonces nos veremos presos de la ampliación en semanas para pensión, la venta de empresas estatales, el recorte en educación, salud, deporte, vivienda, infraestructura, etc., lo que finalmente nos obligará a refundar el Estado porque no pudimos cumplir lo prometido. 

Sin embargo, como soy un entusiasta, creo que este es el momento propicio para impulsar cambios estructurales. Esta idea se traduce en actualizar catastros; promover el uso de otras energías que nos permitan superar la dependencia del petróleo; ampliar el gasto en educación para garantizar innovación tecnológica, promover una reforma tributaria real, es decir, estructural; revolucionar el campo a partir de la implementación del punto 1 de La Habana, fortalecer la rama judicial con presupuesto suficiente que permita avanzar en investigaciones contra la corrupción y cerrar los innumerables hoyos por donde desangramos el precario fisco colombiano; fortalecer a los productores nacionales con la apertura de nuevos mercados y tecnología; proteger a las pequeñas y medianas empresas reduciendo las cargas tributarias con el objetivo de fomentar el empleo; promover con mayor ahínco el consumo nacional en menoscabo del importado; etc., todo esto con el fin de permitirle al Estado un respiro fiscal a partir de un mejor recaudo y la reducción en obligaciones que pueden llevar a cabo los privados. 

Es necesario que la presión al G(?)-obierno sea para que identifique otros caminos de desarrollo; la crítica tiene que ser constructiva porque finalmente, el daño es para todos.

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