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“Sesenta Minutos”

Escrito por Gloria Elena Ramírez Toro , 31 de Agosto de 2019. Guardado en Opinión

Era el tiempo que el autobús de la escuela tardaba en hacer el recorrido hasta llegar a mi casa, tiempo necesario que yo aprovechaba para soñar (Despierta). 

Recuerdo que siempre me sentaba en la penúltima silla, pero nunca abría la ventana; así podía imaginarme que iba en un tren, tenía una preferencia muy especial por ellos, pero solo los conocía por las películas de televisión y me parecían fantásticas las diferentes historias de los pasajeros que viajaban en él. Justo en el momento cuando me subía al autobús, mis compañeros dejaban de existir, igual que mis maestros, la clase de matemáticas que tanto me atormentaba, los árboles al lado de mi casa, mi bicicleta parqueada en el jardín, todo, todo se hacía invisible a mí alrededor. 

Me sentía diferente a los demás niños de mi edad, pues no creo que con solo diez años, los niños piensen en otra cosa que no sea jugar con carros y aviones, montar en bicicleta todo el día o divertirse vistiendo muñecas, o juegos así, con los que solemos entretenernos. Pero como yo era “Especial” tenía el poder (Como los superhéroes) de la imaginación, me transportaba a distintas ciudades de cualquier país que no conocía, imaginaba como sería mi vida cuando fuera mayor, iba a lugares lejanos donde caía la nieve, tenía la fortuna de conocer a mucha gente, como Carlota, una amiga muy especial, que me invitó a su casa, una cabaña en medio de la nieve, el lugar más acogedor y armonioso de todo el planeta, con una calma indescriptible, que se sentía desde el momento en que abrían la puerta a sus invitados. 

¡Qué grandioso! Era poder valerme de la imaginación para viajar de un lugar a otro, con la rapidez de un parpadeo, soñar a través de la ventana de un autobús, poder disfrutar de las cosas que mamá me prohibía en la vida real, como jugar fuera de casa mientras caía una fuerte lluvia. 

Me gustaba ver desde el balcón de mi casa las personas que pasaban con abrigos largos, con sombrillas de diferentes colores, que me hacían imaginar las incontables historias de amor que se abrigarían en ellas, en ese momento quería hacerme grande, como lo soy ahora, con muchas historias para contar y sueños por cumplir, todavía me gusta la lluvia, pero me gusta más imaginar cuándo llegará el día en que dejen de existir las armas, los misiles, las fronteras, las personas sin AMOR en su corazón, las que tienen el poder de la imaginación; pero para planear actos perversos, para convocar a la guerra, a la destrucción, sin ningún remordimiento. Ojalá seamos más los que soñamos, los que jugamos a imaginar un mundo mejor, para que el amor siempre prevalezca.

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