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#NoALaGuerra

Escrito por Jhoan Camargo , 30 de Agosto de 2019. Guardado en Opinión

Hoy me queda fácil irme en contra del enemigo que he construido junto a millones que votaron igual que yo. Hoy me queda fácil maldecir, ofender, vilipendiar. Hoy, los que apostamos por la paz, ya fuera sueño, quimera y espejismo, nos sale fácil la palabra pronunciada para decirle tonto al muy posible tonto y hacer una herida profunda en el otro para no sentir tanto el ardor en la propia herida. Hoy me queda fácil la lágrima, la desesperación y la desesperanza. Me puedo sentar en un andén y fumarme sin culpa y en minutos los cigarrillos del día, porque tengo razones suficientes para creer que no queda nada más que esperar que todo vuelva al infierno de siempre y que nada de lo que me pase se equiparará con la vieja imagen renovada de las minas antipersona, los secuestros y los videos de supervivencia de sujetos macilentos y perezosos perdidos en una selva de desconsuelo. 

Hoy es fácil sentir el país y su historia como un eterno péndulo que se agita y llega a extremos, pero nunca varía su recorrido. Pero siento que, frente a las circunstancias, más que nunca, la sociedad que he tratado de estudiar y entender me exige estar a la altura y asumir culpas propias y ajenas, y llorar hacia adentro para darle valor al que no resista llorar hacia afuera. Voy a tener el valor del que no tiene nada que perder para discutir con el contrario, pero no buscando tener la razón, sino con la intención de querer construir algo entre ambos. Estoy dispuesto a pensar que la paz no era esa cosa lejana pactada entre señores, sino un espíritu en el ambiente que también me afecta, que también es mío, que le debo todo. No me queda de otra, porque no pienso darles el gusto a los medios, ni a la ignorancia del que no tiene la culpa de creerse con la razón, ni mucho menos a los que de manera deliberada hicieron y dejaron de hacer para que lo que ha pasado hoy se cumpliera: un maldito vaticinio que nos deja con el alma herida y la cara larga. No es justo que nosotros, los jóvenes, nos dejen con la posibilidad de futuro en vilo, no estoy dispuesto a seguir ese juego. 

Hoy y los días venideros voy a estar sentado pensando en qué se puede hacer desde mis menguadas posibilidades para que la brecha no se ahonde, para que la ofensa no salga tan fácil y deje confinada a la posibilidad de redención dentro de la boca. Voy a tratar de hacer vigente un padrenuestro que tenía olvidado y perdonar a los que nos ofenden. Voy a esperar, así sea con migajas de esperanza, que ese péndulo que hoy me quitó la posibilidad de tocar un tema menos desolador, vuelva a ir hacia adelante y ya no tenga que sentirme triste, sino que pueda cerrar los ojos como un tonto desprevenido y alegre que piensa que todavía hay garantías de un mañana.

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