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La sirena viene hacia mí

Escrito por Jhoan Camargo , 12 de Julio de 2019. Guardado en Opinión

En 1989 Disney estrenó La sirenita, película basada en la obra homónima del escritor danés Hans Christian Andersen y en la cual una sirena adolescente e insensata –que ya es redundancia– se enamora a ojo de un muchacho; al final el príncipe, porque como cosa rara era de la realeza, la cambia por otra y esta muchacha sin cola ni voz, además de un dolor terrible en sus piernas, se tira de un acantilado y queda convertida para siempre en espuma marina. Nada más lejano que la versión animada que pretenden lanzar de nuevo, pero en carne y hueso. 

La cosa es que medio mundo anda indignado con la otra mitad porque en esta ocasión la quieren poner negra o negrita o de color o afrodescendiente, cada quien escoja la palabra que le parezca más cómoda, y por tanto muchos no están de acuerdo porque Ariel, que así se llama, es pelirroja y caucásica. Quienes se han rehusado a esto los tildan de racistas y otras cosas, porque por estas fechas meterse con algo que esté por debajo de la escala cromática se volvió un pecado. 

Aunque la sirena sea danesa o al menos pensada por un danés, ese origen es lo de menos. Cuando los ilustradores pensaron en la versión animada se basaron en una bellísima actriz que fue furor en su momento: Alyssa Milano, conocida por series como Quién manda a quién o la película Comando y que últimamente volvió a sonar debido a que propuso una huelga de sexo en tanto no se reconozca el derecho a abortar de las mujeres en Norteamérica.  

Quisiera jugar de abogado del diablo y decir dos cosas. La primera, que no creo que los que se quejan lo hagan por una cuestión mezquina relacionada con el racismo, lo siento por los bien pensantes veganos-antitaurinos-proderechoslgtbi-feministas, pero no todos andamos por ahí discriminando, sino que lo veo como un golpe a la nostalgia de los que tienen a esta y otras películas como parte de su infancia feliz y en ese orden de ideas se sienten traicionados, por lo que tienen todo el derecho a quejarse o mostrar inconformidad por ello. Es como si me cambiaran los siete enanitos por siete autistas para estar más a la moda.  

Lo segundo, en estos momentos donde se genera debate hasta por el color de un vestido, poner a una sirena «peliquieta», independiente de su talento, genera lo que se esperaba, que incluso en un periódico de Pereira haya un desocupado hablando de sirenitas. Todo el mundo está hablando de esto, y con eso de que no hay publicidad buena ni mala, pues aquí estamos, argumentado posturas en lugar de estar buscando a un ciego, con vida o no, que se le escapó al Gobierno en pleno o por lo menos mirando cuál rata nos van a meter esta vez como alcalde y gobernador. Entre tanto, si me preguntan cuál sirena prefiero, diría que la de Luis Felipe González.  

 

Blog: actualdeayer.wordpress.com  

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