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Llueve sobre mojado

Escrito por Jhoan Camargo , 28 de Junio de 2019. Guardado en Opinión

Como buen historiador, soy prudente (temeroso). De ahí que temas como «Las pirámides» y David Murcia me estén vedados por las próximas dos o tres décadas. Todo hay que decirlo, nosotros, los historiadores, nos preocupamos por temas de infinita trascendencia… cuando ya no son trascendentes. Así pasará con esto, como va a pasar con la regurgitación de los paramilitares, con el autismo de nuestros mandatarios, con los malditos ríos de sangre en creciente y los pobres ríos de agua que se secan con represas de infamia. Con los discursos del odio, pero también con los de los siempre antisépticos tibios que llegaron a decir que un candidato heredero de un discurso de odio, muerte y desesperación, era igual al de otro ególatra y solitario, por tanto, lo más honorable era votar en blanco. 

Serán los nietos de una generación que no quiere tener hijos los encargados de aclararnos este estertor de lo pavoroso que fue la primera década del milenio. Habrá quien contradiga y luego diga que la historia no se repite y yo ya no sé si es mejor que eso sea cierto o no, porque al menos sabría que definitivamente no vamos para ningún lado. Así no me daña la esperanza tonta del soñador que he sido, así no me pongo a pensar con juicio por quién votar, ni me pongo a pelear con concejales de pacotilla. Así no me pongo a llorar viendo gritar huérfanos por sus madres muertas. 

Con el perdón de estudiosos y optimistas, pero con lo que he visto las últimas semanas solo se me ocurre pensar que Colombia no se incinera por completo porque antes de que se propague la llamarada nos llega una inundación. Por momentos me siento como esos pueblos melancólicos y solitarios del Llano en llamas, donde solo queda el polvo de la tierra en la boca y la desesperanza a cuestas; mientras tanto, todo me sabe a recuerdo. Pero no queda de otra, la próxima semana he de volver, quizá ya más amurado, más estoico, más jovial, por lo pronto me voy a seguir regodeando con el pavor pretérito que, quizá por fortuna, viví con la inconsciencia de los adolescentes. 

No sé cómo le hacen ustedes, quisiera que me digan cómo se aguantan la ira cuando pasa de todo y nadie se hace cargo de nada. Porque en Colombia no se salvan ni las abejas. Las mafias siguen siendo las mafias y solo innovan sus corruptelas. Acá el que va a la cárcel es el pendejo, el hijo del vecino, el que se roba un huevo. No se extrañen, así como todo se calcina con este fuego de ignominia, dentro de poco nos vuelve a llegar la inundación, una corriente de agua abismal que casi va a llevarse todo, como en los ochentas que quemaron el Palacio y desapareció Armero mientras mataban candidatos y medio levantaban Popayán. No nos queda más que mirar al piso, lamentándonos, al saber que, como siempre, en Colombia la tragedia llueve sobre mojado. 

 Blog: actualdeayer.wordpress.com

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