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Asuman la responsabilidad de sus actos

Escrito por Andrés Carrero , 25 de Julio de 2020. Guardado en Opinión

En días pasados un motociclista arroyó a un agente de tránsito en la ciudad de Pereira (1). A pesar de que el señor fue retenido, se le impuso un comparendo y el vehículo quedó inmovilizado, llama la atención que este hecho, al parecer aislado de la política nacional, nos sirva como reflejo de lo político, es decir, de los rituales y símbolos con los que organizamos la vida.  

El infractor tenía 8 comparendos que no había pagado, aún así, seguía movilizándose por la ciudad. No sabemos si tuviera intenciones de pagarlos o esperaría a que el tiempo facilitara el ‘borrón y cuenta nueva’; de todas maneras, lo que es un hecho es que él es el reflejo de lo que somos como sociedad, la misma que, al darse cuenta de que está cometiendo una infracción opta por arrollar a los representantes de las instituciones o en su defecto, irse lanza en ristre en contra del Estado o de su enemigo político.  

Este hecho aberrante coincide con otros sucesos que han escalado en la opinión pública hasta posicionarse en los principales medios de comunicación, y si bien, las proporciones no son las mismas, los actos encarnan una realidad vergonzante en la cultura de los colombianos: la incapacidad para asumir los errores.   

Dos años de política pública orientada hacia la protección de los líderes sociales, pero cada día encontramos más asesinatos: un fracaso. Dos años de “mano dura”, pero solo nos enteramos de emboscadas a las patrullas militares, asesinato de soldados, secuestro de soldados, se pierden tres lanchas rápidas y no se sabe nada más, y para completar, un helicóptero se accidenta (¿o lo derribaron?) y no pasa nada (2), dos años para controlar los territorios en los que operaba las FARC, y resulta que ni siquiera se pudo cuidar uno de los ETCR, y no pasa nada; el ELN recluta menores y mantiene sus operaciones armadas llevando a cabo actos terroristas, pero la cúpula en La Habana dice no saber nada (¿Entonces qué se negocia con ellos?), y ahora la cereza del pastel la dan las declaraciones de Rodrigo Londoño diciendo que las FARC no reclutaban forzosamente; entonces ¿dónde quedan los casos denunciados por excombatientes en Justicia y Paz?   

La explicación que tienen para dar es simple. El señor de la moto es un trabajador pobre, que no puede pagar las multas porque tiene que llevar el pan a su casa: una muy buena excusa arropada en el discurso que romantiza la pobreza, para así, escapar de las responsabilidades y obligaciones que nos corresponde a todos y todas. El Gobierno de los incapaces que lidera el Centro Democrático desvía la atención, maquilla las cifras, o recurriendo a vergonzosas declaraciones, minimiza la situación (3). Como decía Fernando Londoño, con todo respeto señores ministro de defensa y Generales de la República: renuncien porque les quedó grande; y agrego, ministra del interior. Y las FARC, como el ELN, en un acto de irresponsabilidad política nos dejan ver que los comandantes poco saben sobre sus tropas, pero más grave aún, no asumen su responsabilidad política y jurídica.  

No quiero ser pesimista, ya he dicho en otras oportunidades que el fatalismo colombiano es una de las principales razones para que no podamos ver las otras cosas que se llevan a cabo en nuestros territorios; evidentemente estas noticias hacen más ruido que las acciones ingeniosas y productivas de empresarias, estudiantes, escritoras, trabajadoras, periodistas, profesionales de la salud, etc., pero tampoco quiere decir que volver a las vergonzosas noticias no sirva para que sigamos reflexionando sobre lo que somos y hemos creado.  

Un principio fundamental para que haya paz política es que las partes asuman sus responsabilidades; pero más allá de esto, un principio que considero debe guiar a nuestra sociedad es asumir la responsabilidad de nuestros actos. Pareciera que, desde el presidente de la república, pasando por los representantes del ELN y las FARC y terminando en el señor que maneja una moto en Pereira, todos estuvieran cruzados por la misma variable: No asumen la responsabilidad.  

Notas:  

Agente de tránsito atropellado sufrió múltiples fracturas y es el noveno lesionado de este año  

“Pidan la baja señores Generales”:  

Ministra Arango compara la muerte de líderes sociales con el robo de celulares. 

Observaciones generales:  

El nombramiento de Griselda Lobo (Sandra Ramírez), excombatiente de las FARC, en la vicepresidencia del Senado de la República es otro paso más en la construcción de paz política. Queda mal parado Gustavo Petro y los seguidores de la Colombia Humana, pues esto demuestra que la oposición también legisla.  

Arturo Char y Griselda Lobo tienen cuentas pendientes con la justicia.  

Uno espera que la perorata anticastrochavista del Centro Democrático sea igual con todos los gobiernos que siguen esta corriente política. Curioso que mantengamos las relaciones con Nicaragua, no así con Venezuela; ¿Qué hay de por medio?  

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