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Adiós a la vida: lo que el río Cauca no volverá a ser

Escrito por Andrés Carrero , 09 de Febrero de 2019. Guardado en Opinión

Quizá para muchos el río no significa nada; pero para mí sí. Yo lo cruzaba constantemente cuando iba a Cali desde mi casa, lo contemplaba en las mañanas y en las tardes al regreso. Mi abuela siempre me decía que era profundo y debajo de sus aguas mansas, iban las corrientes, los remolinos y los misterios. También me decía que no tenía playas para caminar y más bien era una un precipicio al cual no debía acercarme porque me llevaba. Entonces yo esperaba a las sequías para corroborar lo que ella me decía; y preciso, frente al puente del río Cauca, cuando bajaba su caudal, no había más que un desfiladero y mucha agua.

El río siempre significó belleza y curiosidad. Amarillo, turbio, engañoso, misterio. Comí muchas veces de sus entrañas bocachico y bagre barbudo. Aún sueño entrando al río y sacando un barbudo o catfish como dicen los gringos.

De adolescente, mientras iba con mi papá en el bus de La Pance -empresa que desapareció con la creación del MÍO-, hasta Decepaz -barrio de Cali en el Distrito de Aguablanca- solía correr hasta el jarillón y asomarme a ver su extraño caminar. Le tiraba piedras para hacer sapitos y con otros muchachos contemplaba su inmensidad. El río siempre fue indescriptible.

Luego, cuando me contrataron como profesor del Departamento de Historia en la Universidad del Cauca, tenía que cruzarlo varias veces a la semana y me daba el gusto de ver cómo lucía otros colores. Ya no era amarillo, era más bien casi rojo oscuro, casi negro debido al reflejo de las piedras, algas y demás seres vivos que fragmentan la luz. Frío, poco profundo; pero ancho, caudaloso y hermoso. Ese es mi recuerdo del río Cauca.

Cuando conocí la familia de Catalina, mi esposa, fui hasta Valparaiso Antioquia y desde la finca de uno de sus tíos se lograba ver la majestuosidad de ese río que había recorrido por horas mientras la carretera lo bordeaba. Desde allá lo podía ver, sin nada que envidiar de los Farallones, que son dos abultadas montañas, impactantes y extrañas. Ese río amarillento caminaba dizque lento, pero ya sabía que no era así porque antes de llegar a La Pintada, su furia se podía divisar entre las rocas que intentaban resistirlo.

Nuestro himno del Valle del Cauca dice que el río “riega los campos en flor”. A él debemos la industria agrícola, a él debemos la vida económica. Ese río que se desborda para crear lagunas, historias, vivencias, para guardar secretos; ese río llegó hasta Ituango y allí lo ajusticiaron como lo hicieron con campesinos y líderes sociales que se opusieron al “desarrollo”.  Y aunque la empresa diga que es sólo mientras vuelve el agua, hay que recordarles que no es así porque el río no es una piscina que se llena y se vacía para limpiar. El río es un ecosistema, no solo lleva peces; también habían bacterias, hongos, miles de formas en las que la vida sostenía un mundo secreto para los ojos del incauto.

Y en el Bajo Cauca, después de Ituango también seguía esa vida en forma de lagunas, en puntos en los que la gente vivía y había construido su pasado, hacía su presente y labraba su futuro. Hoy no lo hacen y quizá no lo volverán a hacer. Como Valluno que crecí con el río, siento dolor ver una quebrada verde, agonizante, derrotada por el egoísmo. Me llena de frustración sentir que será otro asesinato sin culpables, que será un hecho más de nuestra vida republicana y que por grave que sea, siempre tendremos otro asunto para desviar la atención.

El discurso del desarrollo nos arrastra a la debacle.  

Postdata: No es el primer río que secamos, que desviamos, que dañamos. El Ranchería, el Sogamoso, el Cinaruco, el Nima, entre otros. A propósito de este asunto recomiendo un libro: “Adiós río: la disputa por la tierra, el agua y los derechos indígenas en torno a la represa de Urrá” de César Rodríguez Garavito y Natalia Orduz Salinas. Este puede ser descargado del siguiente url:

https://www.dejusticia.org/publication/adios-rio-la-disputa-por-la-tierra-el-agua-y-los-derechos-indigenas-en-torno-a-la-represa-de-urra/

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