| ºC

A propósito de la Seguridad Democrática y los libros de Santillana

Escrito por Andrés Carrero , 14 de Febrero de 2019. Guardado en Opinión

Aún es tendencia en redes sociales la polémica alrededor de las cartillas para grado quinto de primaria, en las que se hace mención a la Seguridad Democrática y el gobierno de Álvaro Uribe Vélez; sin embargo, como suele pasar, no logramos ponernos de acuerdo en cómo enseñar sobre uno de los periodos más complejos de la República. Y digo que no hay acuerdo porque finalmente quienes aprueban la política de Seguridad Democrática tienen argumentos fuertes para considerar que era necesaria. Por el contrario, sus detractores también exponen argumentos para considerar que fue una estrategia vergonzosa en materia de Derechos Humanos, y en materia militar, hasta se juzga su eficacia a largo plazo. Entonces, ¿Qué hacemos en una situación de tal complejidad?

Como lo he manifestado en repetidas ocasiones, la crudeza de las cifras puede ser útil para situaciones de este tipo dado que no discriminan entre positivo o negativo; son hechos, números, estadísticas. Por tal motivo, podría decirse que la Historia institucional debería reconocer en la Seguridad Democrática una estrategia gubernamental que permitió replegar a las guerrillas de las FARC y el ELN hasta el punto de fragmentar sus organizaciones y obligarlas a reestructurar los planes bélicos con los que pretendieron tomarse el poder político o presionar una negociación. Igualmente este modelo de seguridad conllevó a la desmovilización de miles de integrantes de las FARC y el ELN, como también, la desarticulación de disidencias del EPL tales como el Óscar William Calvo; y del ELN, como el Ejercito Revolucionario Guevarista; ambos acogidos en Justicia y Paz.

Por otra parte, el modelo de Seguridad Democrática permitió que el Estado diera una importante estocada al bandolerismo al sentar en San José de Ralito a unas fragmentadas AUC y sus respectivos bloques, pactar un acuerdo de sometimiento a la justicia, desarmarlos -con lo cuestionable que sea esto-, demostrar su origen criminal y narcotraficante, y finalmente, extraditar a varios cabecillas.

Los resultados fueron evidentes, especialmente en el centro del país donde el Ejército profesional, con un importante y aumentado pie de fuerza, pertrechos, equipos y nuevas tecnologías, comenzó operaciones militares para replegar hacia las periferias de la Nación a las guerrillas, al tiempo que garantizaban la protección de las principales rutas y puntos de comercio antes azotados por la insurgencia. El primer resultado medible fue la activación de una una economía que había sido flagelada por la criminalidad a través de atentados, extorsiones, secuestros, reclutamientos forzados, paros armados, incineración de vehículos, limitaciones en la movilidad, etc.

Sin embargo, la moneda tiene un revés; y es que durante la consolidación de esta política se presentaron violaciones constantes al DIH y a los Derechos Humanos, paradójicamente inducidos por el mismo Estado y sus Fuerzas Militares quienes trabajaron en repetidas ocasiones de manos del paramilitarismo, o en su defecto, recurrieron a deshonrosas acciones como los falsos positivos que dejaron más de 3.000 personas asesinadas con el fin de pasarlas como guerrilleros muertos en combate, agregado a una escandalosa cifra de 8 millones de desplazados internos.

De igual manera, la persecución emprendida contra líderes sociales, estudiantes y políticos opositores conllevó a la fragmentación de los movimientos sociales que se vieron afectados al estigmatizar sus discursos y preferencias políticas. La “macartización” de la protesta social también fue otro de los principales problemas de esta política; con el agravante de que su sostenimiento a largo plazo implicó el ofrecimiento de coimas, notarías y puestos políticos para votar la reelección Álvaro Uribe Vélez, y la posterior modificación de la Constitución Política para avalar dicho proceso. Además, el Gobierno se vio en el escándalo de tener ministros, amigos y familiares del expresidente Uribe, vinculados con la criminalidad paramilitar. Se destaca de esta transición el afán de presentar cifras positivas en la lucha contra las insurgencias, ahora llamadas narcoterroristas; lo que generó no solo los falsos positivos enunciados previamente, sino también, desmovilizaciones falsas tales como el del frente Cacica Gaitana de las FARC. Por otra parte, el diseño del modelo de justicia transicional conocido como Justicia y Paz se hizo con tal premura que indujo el retraso en los procesos contra quienes se acogieron, trayendo consigo impunidad y ausencia de verdad sobre los hechos acaecidos.

Dado que la guerra continuó, el teatro de operaciones se movió hacia las periferias del país, al tiempo que las tecnologías usadas por los grupos insurgentes también se fueron degradando desde una óptica moral; es decir, aplicaron el discurso de “en la guerra, todo se vale”. Puesto que el conflicto se agudizó, el reclutamiento forzoso, el secuestro de poblaciones, la violación al DIH al utilizar población civil como escudo de guerra, la invasión por tropas del Ejército y de las guerrillas a los territorios colectivos de resguardos y comunidades afrodescendientes y el aumento de operaciones militares con bombardeos y ataques sorpresa, se convirtieron en la cotidianidad de ese 15% de la población asentada en el vasto territorio no vinculado a la Nación; mientras tanto, el hospital militar recibía más de 1.000 casos por año con traumas por heridas en combate que iban desde el daño psicológico hasta la pérdida de los miembros superiores e inferiores.

Lastimosamente no alcanzan las páginas para exponer los efectos de la política de Seguridad Democrática, sin embargo no es difícil comprender que esta política pública tuvo sus logros y fracasos; de allí que sea pertinente comprender el sentido que tiene la enseñanza de la Historia en los colegios y escuelas de nuestro país. ¿Qué debería saber un estudiante sobre este período? Si bien, los hechos son importantes y reconocer ambas caras de la moneda nos permite acercarnos a una interpretación más compleja, quizá lo más relevante es saber qué tipo de memoria queremos construir.

En un país polarizado urge encontrar puntos en común y reconocer los logros, limitaciones y fracasos de los Gobiernos. Por algo decía Josep Fontana que la Historia servía para conocer el pasado, entender el presente y planear el futuro. Ojalá el conocimiento de la política de Seguridad Democrática les sirva a nuestros niños y niñas para No legitimar la violencia como estrategia política con la cual se toma, o mantiene el poder.

¿Te Gusto Este Artículo? Compartelo ahora!

Whatsapp Whatsapp

Etiquetas


Califique esta publicación
Puntuación: / Votos: 0

¿Quieres leer un poco más?

Comentarios de los usuarios

Deja tu comentario:

Publicidad

TE PUEDE INTERESAR

Gobernador Sigifredo o usted miente o está mal asesorado con la Carder

Una de las instituciones con más movimiento y mejores resu...

24 de Mayo de 2019 LEER MÁS

Muertos por catapultas

La primera guerra biológica de que se tiene registro suced...

24 de Mayo de 2019 LEER MÁS

Organizaciones sindicales de Risaralda continúan en protesta

A pesar de la reunión de negociación que se llevó a cabo...

24 de Mayo de 2019 LEER MÁS