| ºC

2022 - Por una nueva esperanza

Escrito por Alejandro Medina Marín , 28 de Febrero de 2021. Guardado en Opinión

Al hablar de política debemos ser conscientes de las  emocionalidades que esta ocasiona, especialmente en nuestra sufrida Colombia. Al coterráneo de esta parte del mundo le gusta hablar,  opinar, y apoyar al caudillo de turno,  según sea su posición y la intención final que desee encontrar; aunque también comemos y bebemos de la politiquería, de la mentira, del engaño, blasfemias, de palabras y acciones camufladas bajo una buena voluntad, ayuda o solidaridad. Eso de que la política hace el papel de representar al pueblo en las esferas del poder, no es más que una idealización de los políticos, porque bajo el fundamento de la crítica, de algunos líderes honorables de nuestro país, siempre habrá calumnia en su contra, persecución y/o muerte, no sólo de ideologías, sino también de cuerpos, de esperanza y de vida.  

Colombia ha tenido periodos de caudillos -más que de presidentes- los cuales han realizado acciones en búsqueda del bien de sus aliados y adeptos sin fundamento, pues estos no critican, ni analizan y menos reflexionan sobre la realidad del país, debido a que no  han entendido que Colombia no es solo el centro, es también las periferias que lindan con los países vecinos,  donde se encuentra otras formas de vida bajo la realidad de la guerra y la miseria; allá donde no llega el Estado, ni seguridad, ni esperanza; es cómo si fueran una república independiente. Me pregunto, ¿en Colombia tenemos cultura política, para poder considerar una posición o afiliación política, cuando no tenemos conocimiento ni cultura política?     

Es importante mencionar, que en los gobiernos de Samper se acabó con la política y en el Gobierno Pastrana con la paz, lo que ocasionó un sentimiento latente de que el país estaba en manos de la milicia, de las guerrillas, de la inseguridad y el miedo, de poca inversión nacional y extranjera, lo que terminaba en desesperanza y poco bienestar social.    

De este modo, y debido a las administraciones de los mandatarios o mejor, caudillos de este país, llegó lo que llamaron en aquel entonces, entre el  2002 - 2010, la “esperanza” de un nuevo mandatario, que por medio de un discurso político bajo las sombras de la guerra, la confrontación militar, el combate contra los corruptos, el miedo a la ola de partidos progresistas que se tomaban las administraciones de países cómo Argentina, Bolivia, Venezuela, México, Brasil y bajo la promesa del optimismo en los colombianos, destinó al país a la seguridad “democrática”, dirigida a los inversionistas, grandes terratenientes y políticos aliados, pero para el pueblo con menos índice de calidad y esperanza de vida, fue un desfalco, pues esta política de seguridad les costó bajo el “Plan Colombia” y el presupuesto de la nación, 6.402 falsos positivos, entrega de baldíos cerca a sus casas para producción de alimentos y extracción de petróleo, lo que les costaba su desplazamiento, su pérdida de identidad y cultura, eso sin hablar del paramilitarismo y la parapolítica, porque es indiscutible las alianzas entre el Estado y las milicias, las cuales iniciaron con la seguridad privada de los grandes hacendados, los mismos que apoyaron e invirtieron recursos a la campaña política del presidenciable eterno.    

Es evidente que bajo el periodo Santos, la confrontación y la militarización del país, se convirtió en negociaciones y acuerdos no solo con las FARC, sino también con las víctimas de esta guerra absurda, con  fundamentos en la verdad, la reparación y la no repetición. Acciones que son ejecutadas por la JEP y que el actual gobierno de Duque y bajo la sombra de su padrino político ha continuado de manera incoherente con la confrontación militar, dándole la espalda al proceso de paz, a la misma JEP, y terminando las negociaciones con el ELN, cuando era evidente en términos políticos, la influencia del acuerdo con las FARC y  su intención de desmovilizarse del ELN para continuar los pasos de la participación política.  

Los nuevos liderazgos, que se han notado desde la carrera presidencial del 2018, deben ser una posible visión de esa nueva Colombia que exige el pueblo, donde prime la equidad, la igualdad y la paz.    

De este modo, y siguiendo las intenciones de voto del 2014, el senador y ya presidenciable Gustavo Petro, desde las elecciones y campañas políticas del periodo pasado, ha demostrado en su discurso la proyección de la esperanza, bajo los liderazgos de justicia, democracia, equidad y representación de las comunidades más olvidadas por el Estado; del mismo modo, es evidente que se le apuesta a la conservación del medio ambiente a la protección de los recursos hídricos del país, por medio de la transición a energías limpias; la gratuidad de la educación y la salud, además ha dejado entrever su intencionalidad de tener representaciones de mujeres, indígenas, ambientalistas, académicos, artistas y campesinos al congreso de la república y lo que más puede tener peso, su reiterado apoyo al proceso de paz. Sin embargo, se debe analizar de manera detenida  las intenciones del mismo por medio de las redes sociales, pues su discurso de odios, de la ridiculización del otro, deja en evidencia su posible forma de gobernar y liderar la casa de Nariño. Y además también analicen su forma de presentar su candidatura con propuestas estipuladas en cuanto a lo económico y lo social y como los demás candidatos se han empeñado en mirar cómo destruirlo, dejando a un lado sus programas de gobierno; de lo anterior, ¿qué supone uno?.  

Por otro lado, el presidenciable Sergio Fajardo, ha continuado con su discurso de la esperanza, de un nuevo respiro político, económico y social para Colombia, donde prime la paz, la equidad y la igualdad en la sociedad colombiana. De este modo proponer estructurar el sistema de pensiones, eliminar las malas EPS, aquellas que vulneran los derechos, planteando una reforma a las EPS para articular los servicios con enfoque territorial, conservación del medio ambiente, apostándole a las energías renovables, del mismo modo, propone la reducción de la minería ilegal, le da un espaldarazo  al fracking y no al glifosato; por esta misma vía propone de manera gradual la legalización de las drogas al reconocer que la lucha armada contra estas ha sido una política de estado perdida. Aumento del presupuesto de educación, fomentar programas para que jóvenes vulnerables estudien y entren a trabajar, y apoya el proceso de paz.      

Dejar de censurar el centro, así cómo el voto en blanco, ya que son posiciones y formas de democracia en un país que necesita más que Uribe y Petro; necesita una administración legítima que cure las heridas de esa Colombia histórica, del bipartidismo, pues la esperanza puede estar más allá de la Colombia Humana y del Centro democrático. No debemos aceptar a los candidatos mezquinos, que prometen en campañas fundamentadas bajo promesas a incumplir en los territorios que solo existen para hacer politiquería, y que finalmente cuando llegan a palacio, favorecen a los mismos de siempre.    

De este modo y con miras al 2022, los ciudadanos colombianos deben dirigir al país bajo el mandato de la esperanza y de un nuevo horizonte político, económico y social, dándole oportunidad a mandatarios que han demostrado de manera contundente una forma diferente de hacer política y una visión necesaria para el país, visión que no solo responde a las exigencias de esa Colombia profunda, sino también de las corrientes económicas y sociales de la nueva generación donde prima la equidad, la igualdad, la educación, la disminución de esa brecha entre calidad de vida y privilegio económico, y sin lugar a dudas un sí a ¡La Paz!.  

   

   

 

¿Te Gusto Este Artículo? Compartelo ahora!

Whatsapp Whatsapp

Etiquetas


¿Quieres leer un poco más?

Comentarios de los usuarios

Deja tu comentario:

Publicidad

TE PUEDE INTERESAR

¿Secretario de salud Javier Marulanda cuántos maltratos y feminicidios se necesitan para cumplir la ley?

No utilizamos recursos valiosos para la integridad de nuest...

24 de Septiembre de 2021 LEER MÁS

Contraloría detectó presunto daño patrimonial por $276 millones en Paseo El Edén, en La Tebaida (Quindío)

Un presunto daño patrimonial por $276,3 millones arrojó u...

24 de Septiembre de 2021 LEER MÁS

GESTORA SOCIAL REALIZÓ VISITA A LA CÁRCEL DE MUJERES PARA CONOCER LAS INSTALACIONES DE LA GUARDERÍA

La gestora social de Pereira, Ángela Aguirre recorrió las...

24 de Septiembre de 2021 LEER MÁS