“Si esa no era la intención, las ideas se conectan muy bien”

Por: Andrés Carrero
martes 14 noviembre 2017

Hace algunos años, cuando comenzaba mi carrera de profesor universitario en Cali llevé a mis estudiantes de diseño de interiores al museo y maqueteca de la Universidad del Valle, con el fin de conocer las exposiciones de arte y arquitectura antigua. Inicialmente mi intención era tener una visita guiada, pero el asistente del museo arqueológico “Julio César Cubillos” nos dijo que, cuando uno ve arte, es mi yo quien debe interpretarlo y no un guía; pues no siempre las obras significarán lo que el creador quiso exponer, o lo que el guía piensa. La magia del arte está en la posibilidad de hacernos imaginar.

Justamente, mientras mis emociones se arremolinan y las posibilidades de llegar a puerto seco se hacen cada vez más distantes, me invita mi esposa a vernos “Siete Cabezas”; película dirigida por Jaime Osorio (que también dirigió Páramo), y que para esta ocasión contó con el apoyo de Ernesto Bedriñana (guionista) y David Gallego (encargado del ambiente), director de fotografía en El abrazo de la serpiente. Como era de esperarse, salí de la sala de la Cámara de Comercio de Pereira con cientos de ideas y sentimientos que no lograba desatar. ¿Qué quería mostrarnos este director?, ¿Por qué la película era tan compleja?, ¿Debí leer antes para entenderla?, ¿Tiene sentido entenderla?, ¿Lo que entendí es lo que el director quería?

Cuando la luz me permitió diferenciar entre las sombras a mi esposa, sus ojos verdes intensos me estaban mirando fijamente; y con el gesto de fascinación me dijo “que loco no, hay gente muy loca”. Entonces comenzamos a interpretarla. De acuerdo con la presentación que se hizo en los medios, la película es sobre un hombre (Marcos) que padece de trastorno de identidad corporal, es decir que siente que su cuerpo no le pertenece, y para solucionarlo recurre a mutilarse la parte que supuestamente no es suya.

Marcos (interpretado por Alexánder Betancur) es un hombre que vive solo en un páramo y trabaja como guarda parques. Casualmente comienzan a morir pájaros de manera significativa, por lo que llegan al lugar la bióloga Camila (Valentina Gómez) y Leo (Philippe Legler) su esposo, a estudiar el caso y buscar cómo resolver el extraño fenómeno. Con extremo suspenso, la película nos pone frente al miedo, el odio, la enfermedad, el frío, lo que se dice y no se debe decir.

Sin embargo, aunque esta pequeña reseña es consecuente con la venta que hacen de la película, ¿Qué otras alternativas interpretativas habrían? Para mi esposa, evidentemente no se trata de una persona que padece una enfermedad; sino que también del reflejo de las contradicciones modernas en las que los mitos, afianzados en comunidades rurales y otras de pocos capitales culturales, enfrentan el discurso científico.

Para la familia de Marcos, el trastorno que padece es una representación del apocalipsis; por lo que la racionalidad de Leo llevó a Marcos a un estado de crisis que desató el momento más activo de la película (hay que aclarar que es una cinta lenta, pero para nada aburrida) Cada vez que Marcos se enfrenta a sí mismo tiene que confrontar miedos bíblicos, represiones culturales del cuerpo y del deseo, realidades humanas que no pueden aflorar en un mundo en el que reina el orden mítico-religioso.

Pero no solo es Marcos quien está en la película, pues Camila y Leo son dos ejemplos de contradicciones. La una que quiere ser madre (en la película se trata de una mujer con 5 meses de embarazo); pero para Leo, ser padre es perpetuar una especie destructora que no solo extinguió a otros homínidos, sino que tiene la capacidad para seguir haciéndolo… y lo disfruta. Recuerden que no tener hijos es la mejor contribución al planeta.

Es por ello que para Leo, su condición social es inconcebible, su pasión y gusto por Camila se desvaneció y el reconocimiento del embarazo se materializa en categorías como “tu estado”, “tu situación”, etc., que son las enunciaciones comunes expuestas en la película cuando se referencia el embarazo de la protagonista.

Con una cámara móvil, que marea al espectador cada vez que a Marcos le sucede algo, siente o imagina algo, nuestro director logra mostrar el torbellino psicológico del personaje; y para sumarle, hacer la película en un páramo (Chingaza) logra conectar el clima-ambiente con los sentimientos de los tres personajes; pues el odio, el miedo, la confusión, las contradicciones; todas estas y más, son frías, nubladas, húmedas, enfermizas.

Que buena película señores Osorio, Bedriñana y Gallego; y como dijo mi esposa, “si esa no era la intención, las ideas se conectan muy bien”.

 

Para ver su tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=pS7pAXYYj_g

Recomiendo visitar la Cámara de Comercio.

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